Opinión

Israel: ¿creación de un Estado binacional?

 
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Fuerzas armadas de Israel. (AP)

Desde que Israel dio fin a las Negociaciones de Paz con los palestinos en abril del 2014, a raíz de que el presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahamud Abass (MA), firmó un Acuerdo de Reconciliación con el gobierno de los palestinos de la Franja de Gaza, encabezado por Hamas, que se hizo del poder de esa región a través de las elecciones legislativas del 2006, las perspectivas de reanudar las Pláticas de Paz, son prácticamente nulas, por lo menos en el corto plazo.

Hamas, lanzó una guerra de cohetes contra Israel en el verano del 2014 y construyó un gran número de túneles desde la Franja hacia territorio israelí para matar a cientos de ciudadanos de esa nación. En el presente Hamas está rearmándose y construyendo nuevos túneles y “torpedeando” los acercamientos de MA con Israel.

Israel no puede negociar con la AP asociada a Hamas, quien desde su carta fundacional ha negado el derecho de existencia del Estado de Israel. También en el Medio Oriente las circunstancias para la Paz se han modificado por la guerra civil en Siria, la aparición del Estado Islámico (EI), el Acuerdo Nuclear entre Irán y las principales potencias mundiales que libera 100,000 millones de dólares congelados a ese país a partir de las sanciones que le aplicaron por su programa nuclear con fines bélicos y que reforzarán las acciones terroristas de Irán en el mundo. Arabia Saudita ha retirado a su embajador en Irán y Turquía ha arreciado sus ataques a los kurdos, principalmente.

Ante la no existencia de Negociaciones de Paz, la AP ha recurrido unilateralmente a la ONU para que sus miembros aprueben el reconocimiento de un Estado Palestino, medida que se opone a los Acuerdos de Paz entre israelíes y palestinos de Oslo de 1993, a través de los cuales se crea la AP, como entidad representativa de los palestinos en foros internacionales. La AP aceptó la negociación bilateral con Israel como el camino para la creación del Estado palestino y estuvo de acuerdo en el Derecho de Israel a existir en paz y seguridad.

En Oslo no fue incluido el tema de Jerusalén Oriental que reclaman los palestinos como sede de la Capital del futuro Estado Palestino, en contraposición con Israel que proclama la soberanía sobre todo Jerusalén. Cabe destacar que MA anunció ante la Asamblea General de la ONU el 15 de septiembre del 2015, que su gobierno se desvinculaba de los acuerdos de Oslo “en vista del incumplimiento por parte de Israel de los mismos”.

En este contexto, cabe destacar que la imagen de MA entre los palestinos se ha ido deteriorando cada vez más por su incapacidad para crear el Estado palestino, por que ha ejercido el poder de manera autoritaria y junto con sus allegados han mostrado una rampante corrupción frente a una población que experimenta graves carencias y tiene un bajo nivel de vida. En este sentido, en la última encuesta del Centro Palestino de Investigación Política (de mediados de marzo del 2016) que elabora periódicamente entre la población de la Margen Occidental (Cisjordania y Jerusalén Este) y la Franja de Gaza, confirma que el 64.0% del total de los entrevistados quiere de dimisión de MA, porcentaje similar a los que se venían recabando en muestreos anteriores, de manera que “el resultado es un hecho consolidado y no fruto de un estado de opinión temporal influido por aspectos coyunturales”.

Ante el declive de MA, este incita el odio y la violencia de los palestinos contra los judíos como un mecanismo de defensa para su sobrevivencia; de aquí sus esfuerzos para aislar a Israel del proceso de Paz y declarar unilateralmente la creación de un Estado palestino.

La guerra de los cuchillos iniciada por jóvenes palestinos solitarios contra la ciudadanía israelí, ha sido alentada por MA a sabiendas de que sus resultados no conducirán a la creación de un Estado palestino; empero, si ha creado zozobra entre la población judía y un ascendente rechazo de estos a la convivencia con los palestinos. En la encuesta mencionada del Centro Palestino de Investigación Política, se advierte que el apoyo a la oleada de apuñalamientos ha disminuido desde el sondeo previo de diciembre del 2015, en virtud de que las respuestas de los palestinos es que los explosivos y las armas de fuego son más efectivas. En los últimos seis meses fueron abatidos solo 35 israelíes, frente a alrededor de 350 palestinos.

En este marco, la guerra de los cuchillos más que un mensaje de venganza frente a la “ocupación israelí y como una tercera intifada (revuelta), ha sido interpretada por diferentes analistas como una actitud de descontento de jóvenes palestinos con su marco patriarcal y familiar; el terrorista de los cuchillos ataca a Israel por una decisión personal, de manera espontánea; no pertenece a una organización terrorista, aunque el odio contra Israel es diseminado por la AP y las redes terroristas del Facebook del mundo. El “lobo solitario” palestino enfrenta frustraciones personales, no necesariamente proviene de grupos que viven en la pobreza, incluso varios de ellos son miembros de familias acomodadas. Los jóvenes rebeldes no tienen un plan estratégico de acción, buscan prestigio y admiración; son personas sin esperanza en su vida; de aquí que sean fácil presa de las incitaciones de la violencia de la AP, de Hamas y del EI.

En contraposición a la guerra de los cuchillos, la intifada I (1987-1993) y la intifada II (2000-2005) tuvieron un carácter popular; en la primera fallecieron 93 judíos y 1,374 palestinos y en la segunda más de 1,100 judíos, 5,500 palestinos y 64 extranjeros.

El mundo árabe quiere que Israel retroceda a las fronteras anteriores a la guerra de 1967, que 500 mil colonos judíos salgan de los “territorios ocupados” en Cisjordania y Jerusalén Este y que se apoye a que más de 10 millones de refugiados palestinos retomen a su patria; estas demandas son inviables.

Se considera que Israel no “desconectará a Cisjordania y Jerusalén Este de su territorio como lo hizo con la Franja de Gaza en el 2005, cuando retiró a todos los colonos israelíes y no dejo fuerzas de seguridad. La Franja de Gaza con solo 565 km2, con 51 km de frontera con Israel, 7 km con Egipto y 40 km de costa con el Mar Mediterráneo, se convirtió en plataforma de lanzamiento de cohetes y de “túneles del horror” que han amenazado a Israel.

Ante la eventual caída de MA, Israel se tendrá que encargar de la seguridad y la dotación de servicios básicos de Cisjordania (con una superficie de 5,970 km2) donde viven 3.2 millones de palestinos (200 mil en Jerusalén Este); cifra menor a los 3.6 millones que viven en Jordania. Así, en el mediano o largo plazo cabría la posibilidad de que se forme un Estado binacional israelí-palestino. De hecho, el 60.0% de la actual Cisjordania; Zona C, al amparo de los acuerdos de Oslo II de 1995, quedó bajo el control total de Israel; la zona A bajo el control de la AP y la B bajo el control civil de los palestinos junto al control de seguridad israelí.

Cisjordania ha sido seriamente afectada por el colapso de las Negociaciones de Paz; de acuerdo a cifras del Fondo Monetario Internacional su economía declinó 2.8% el año pasado y se prevé que caerá 3.0% en el 2016. Para atenuar la difícil situación económica y social de Cisjordania, altos funcionarios de Palestina e Israel han propuesto una nueva etapa de colaboración en los campos de medicina, tecnología y en el de la construcción.

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