Opinión

Costos y beneficios
de la reforma fiscal

Considero que la reforma fiscal que se instrumentó a inicios de este año tendrá efectos positivos en la economía mexicana en el mediano plazo. Por un lado, un beneficio indirecto, pero relativamente sencillo de visualizar, será la inversión y generación de empleo que detonará la reforma energética. Un objetivo de la reforma fiscal fue disminuir la carga fiscal de Pemex y substituirla –en el tiempo– por más recaudación no petrolera y poder lograr la aprobación de la reforma energética. Por otro lado, un beneficio directo, pero menos evidente, serán las menores tasas de interés que se pueden lograr a partir de que la mayor fortaleza fiscal permita que eventualmente México obtenga un aumento de su calificación crediticia.

Esto detonaría una disminución de las tasas de rendimiento de los bonos gubernamentales de mediano y largo plazos, y a su vez permitiría la reducción de los costos de financiamiento a empresas e individuos.

No obstante lo anterior, “there is no free lunch” –la forma anglosajona de decir que “nada en esta vida es gratis”–, y los beneficios que veremos materializarse en el mediano y largo plazos, han tenido costos en el corto tiempo. La reforma fiscal –que incluyó un aumento del ISR para quienes más ingresos obtienen, un incremento del IVA de 11 a 16 por ciento en las ciudades fronterizas y los estados de Quintana Roo, Baja California y Baja California Sur, así como un impuesto a las bebidas azucaradas, entre otros cambios–, ha tenido un impacto negativo en el ingreso disponible y en el poder de compra de los consumidores. Sin embargo, considero que el efecto más significativo para la economía fueron los aspectos que tuvieron una incidencia negativa en las empresas.

En mi opinión, la eliminación de regímenes especiales y la disminución de las deducibilidades de impuestos, han sido los factores que hicieron que la desaceleración que experimentó la economía mexicana en 2013, se extendiera a la primera mitad de este año.

Considero que las grandes empresas fueron más afectadas por la eliminación de regímenes especiales, particularmente el de consolidación, así como la reducción en la deducibilidad de prestaciones a empleados y la eliminación del esquema de depreciación acelerada para deducir inversiones. Sin embargo, creo que la pequeña y mediana empresas (Pymes) sufrieron más por la eliminación del Régimen de Pequeño Contribuyente (o Repeco). En este sentido, creo que el Régimen de Incorporación Fiscal (o RIF) –que de alguna manera sustituyó al de pequeños contribuyentes–, es una mejor política que la del Repeco en el mediano y largo plazos. Sobre todo al eliminar incentivos perversos para mantenerse como pequeña empresa “para siempre” (porque fiscalmente “no convenía crecer”).

No obstante lo anterior, también creo que esto fue lo que más afectó a las Pymes. En México, ocho mil grandes empresas generan cerca de 50 por ciento del PIB y son responsables de 28 por ciento del empleo. Por su parte, las poco más de cuatro millones de Pymes son responsables de generar el otro 50 por ciento del PIB, pero emplean a 72 por ciento de la población económicamente activa. Es aquí donde radica la importancia de la pequeña y mediana empresas en cuanto a la generación de empleo.

Por un lado, muchos Repecos ya no pudieron ser registrados en el RIF debido a que, por ejemplo, si una persona física estaba registrada en varios regímenes fiscales, además de que en algún negocio estaba como Repeco, se tuvo que registrar bajo el Régimen General de Ley y no en el RIF. Por otro lado, el aumento en el pago efectivo de impuestos, así como el aumento en los costos administrativos que experimentaron muchas de las Pymes, tuvo un efecto negativo muy significativo en sus márgenes de operación. Asimismo, cabe destacar que la reforma fiscal se instrumentó en medio de una fuerte desaceleración económica y con un lento ejercicio del gasto público, que desde el año pasado generó retrasos en el pago a proveedores gubernamentales, muchos de ellos Pymes de manera directa o indirecta.

Si bien hay importantes esfuerzos gubernamentales para apoyar a las Pymes, como la ampliación del programa de garantías de Nafin, los programas del Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem) y las reglas de contenido nacional para las empresas que participarán en el sector energético, éstos apenas se están instrumentando, mientras que los cambios fiscales entraron de lleno el 1 de enero de este año.

Desafortunadamente, a diferencia de las grandes empresas que normalmente tienen un amplio capital de trabajo o facilidades de financiamiento para absorber estos choques por un tiempo, las Pymes no. Esto ha llevado a muchas a cerrar y a las que sí “han aguantado”, a postergar o eliminar proyectos de inversión.

En resumen, considero que en el largo plazo los beneficios de la reforma fiscal serán mayores que los costos. No obstante, en el corto plazo los costos han sido elevados y los beneficios muy limitados.

Debido a lo anterior, no me sorprende que recientemente se haya anunciado la flexibilización del RIF, pero considero que lo más importante hacia delante, es que la instrumentación de las reformas estructurales se lleve a cabo bien y rápidamente para que verdaderamente se genere una dinámica de crecimiento, en donde se puedan aprovechar las oportunidades que se abran para las Pymes y mejorar el mercado laboral.

* El autor es director general de Análisis Económico de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del autor.

Twitter: @G_Casillas