Opinión

Corto plazo, complejo; largo plazo, mejor

Tendrá más impacto en el país que la legislación secundaria de las reformas en energía y telecomunicaciones sea profunda y consistente, que un crecimiento de tres o cuatro décimas más en éste o el siguiente año.

Lo comento porque a lo largo de los próximos días diversos grupos de análisis van a revisar a la baja sus pronósticos para 2014, y quizás también para 2015.

La razón es que el crecimiento de 1.1 por ciento del PIB en 2013 –del que se informó el viernes pasado- estuvo por debajo del consenso y de la estimación oficial, además de que los resultados parciales de las primeras semanas del año reflejaron una baja actividad.

Ese conjunto de datos es lo que ha conducido a algunos y llevará a otros, a hacer la revisión de los pronósticos.

Tal vez domine la expectativa de 3.4 por ciento para este año y 3.8 por ciento para el siguiente.

Los cambios más profundos de la economía son aquellos que tardan tiempo en manifestarse y madurar.

Esos son los que van a surgir de la mayor parte de las reformas estructurales que están en proceso de confección.

Sin embargo, es probable que los resultados económicos de corto plazo estén influidos más bien por factores circunstanciales.

Hay uno que es favorable y que estará empujando hacia arriba: el gasto público.

El Presupuesto Federal total equivale a cerca del 27 por ciento del PIB y su crecimiento real de 9.3 por ciento, previsto para 2014, equivale más o menos a 2.5 porcentuales del PIB, por lo que de cumplirse con lo presupuestado, el gasto gubernamental será uno de los factores de mayor dinamismo de la economía.

Sin embargo, los pronósticos no son buenos ni para el gasto ni la inversión del sector privado.

Pero, aun si resultan los pronósticos conservadores que señalamos, el crecimiento de la primera parte de este sexenio sería de 8.5 por ciento, lo que implica una tasa de 2.7 por ciento anual en promedio, un ritmo que está por arriba del promedio de los últimos 20 años, que fue 2.4 por ciento.

El tener una economía más competitiva va a generar un mayor crecimiento a la vuelta de un lustro o quizás incluso un poco más.
Ni las reformas más perfectas y mejor hechas tendrían un efecto inmediato.

La competencia en sectores como las telecomunicaciones o la energía repercutirán en una ampliación de oferta y en una reducción de costos, que harán más productiva la actividad económica y con ello se potencializará el crecimiento.

Como ya le he comentado, a la larga, sin duda la reforma más importante de todas es la educativa. Si se logra crear un sistema de incentivos que permita que los niños y jóvenes reciban una educación de más calidad y por más años, eso inevitablemente va a traducirse en una mejor sociedad y en una mejor economía a la vuelta de una generación.

Se espera que esta misma semana conozcamos ya la legislación secundaria en materia de telecomunicaciones. Veremos si concreta todo lo que se espera del sector.

Control de la inflación

Los datos revelados ayer por el INEGI nos indican sin duda que la inflación va a la baja y que el brote que hubo al arrancar el año se debió principalmente al impacto de la reforma fiscal.

Aunque las cifras anuales siguen reflejando tasas elevadas, esto deriva de que “heredan” la inflación que hubo en los últimos meses del año pasado y el arranque de éste.

De hecho, en los últimos 30 días, la inflación fue de 0.23 por ciento, lo que contrasta fuertemente con los 30 anteriores, el periodo que va del 15 de diciembre al 15 de enero, en el que la inflación alcanzó 1.0 por ciento.

Con todo y todo, los incrementos de la canasta básica condujeron de nueva cuenta a una pérdida del poder de compra de los salarios y por tanto a un incremento de los índices de pobreza laboral, al cierre del año pasado.

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