Opinión

Corrupción y legitimidad

   
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Corrupción

A lo mejor suena raro a los menores de 40 años, pero la legitimidad del gobierno mexicano, durante buena parte del siglo XX, estuvo asociada a la corrupción. El régimen de la Revolución dependía del uso discrecional de la ley para funcionar, y eso incluía el manejo del dinero público. Por eso construimos un sistema económico basado en el capitalismo de compadrazgo (crony capitalism). Los gobernantes y sus amigos cercanos controlaban la economía. A veces directamente desde el gobierno (Pemex, CFE, Conasupo, etcétar), a veces mediante otorgar concesiones (Televisa, TV Azteca, Telmex), a veces decidiendo de acuerdo con el beneficio personal (Pedregal, Satélite, Cuernavaca, etcétera).

Puesto que ese gobierno había llegado al poder en un conflicto armado que duró 25 años (1910-1935), no hubo muchos que se opusieran al arreglo. La mayoría buscó acomodarse en él. Había forma de hacerlo, a través de los sectores del partido, que daban cobijo a cualquiera con mucha iniciativa y pocos escrúpulos. Los mexicanos aprendimos a vivir bajo ese sistema: la riqueza se alcanzaba en asociación con la política, se podía vivir tranquilo mientras las aspiraciones fueran limitadas, y podía uno contar chistes de los políticos, pero jamás hablar claramente acerca de ellos.

Por 30 años, los recursos disponibles alcanzaron para que pareciera que el país crecía, y algo le tocaba a todos (bueno, a todos los que vivían en ciudades, que eran menos de la mitad). Para 1965, los recursos se habían agotado, y mantener la ilusión exigió endeudar al país. Coincidió la época con la abundancia de dólares producto del fin de Bretton Woods y el embargo petrolero, de forma que hasta creíamos que había abundancia. En 1982 regresamos a la realidad, y bruscamente. Pero había una fuente de riqueza que nos ahorró corregir en ese momento: Cantarell. Los siguientes 30 años pospusimos decisiones agotando el petróleo.

Durante todo ese tiempo, el sistema de capitalismo de compadrazgo parecía funcionar, pero era porque agotábamos todo lo que teníamos. Ahora que ya no lo tenemos, de pronto nos damos cuenta de que los gobernantes son corruptos, y los empresarios son unos farsantes que viven de cobrarnos caro. Vaya.

Algunas personas creen que todo esto empezó en 1982, y que antes se vivía muy bien, e imaginan que, si regresamos a esa época, todo será mejor. No tienen idea de lo que dicen. Como espero haber aclarado, el origen de la corrupción y de la ineficiencia económica es precisamente lo que se vivió en esos años. Es imposible tener una democracia que funcione y una economía que compita si la ley se usa de forma discrecional. Entiendo la fe que tienen estas personas en un líder, pero están buscando exactamente lo contrario de lo que quieren encontrar. Los gobiernos que dependen de una persona son, por definición, autoritarios, y han sido, históricamente, gobiernos que provocan capitalismo de compadrazgo y agotamiento de recursos. No existen excepciones.

La grave falla del intento modernizador de los últimos 30 años (inicia en 1986, con el ingreso al GATT) fue la incapacidad de romper claramente con el pasado, apostando a que el petróleo alcanzaría para financiar la transformación. El resultado fue otra vez capitalismo de compadrazgo, aunque con otros compadres, y agotamiento de recursos. Por eso, en lugar de terminar con la corrupción, ésta se diseminó a todos los partidos y todos los niveles de gobierno. De ahí el grave problema que tenemos con los gobernadores, del que ya hemos hablado en muchas ocasiones.

El derrumbe del Estado se refleja en una crisis de legalidad: corrupción e inseguridad son los síntomas más evidentes. Estamos pagando lo sembrado en el viejo régimen.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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