Opinión

Corrupción e inseguridad

    
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Inseguridad en México

Corrupción e inseguridad son dos caras de la misma moneda: la impunidad. Las leyes tienen sentido cuando son respetadas por todos y, para que eso ocurra, hay que castigar a quien no lo hace. No hay más. En México eso no ocurre y es, en buena medida, porque durante el siglo XX aprendimos que la ley se aplicaba o no, dependiendo de la voluntad de quienes detentaban el poder entonces. Cuando ese poder se fue diluyendo, llegamos a la situación actual, en la que muy rara vez se aplica alguna ley, de forma que todos fingimos cumplir un poco y seguimos adelante.

Para terminar con la corrupción y la inseguridad, entonces, hay que castigar a quienes incumplen las leyes. Pero eso requiere contar con todo un sistema judicial que persiga, detenga, juzgue, condene y haga pagar a quienes violan la ley. Es ahí en donde está el núcleo del problema y nos estamos haciendo guajes.

Por ejemplo, en el tema de corrupción, los políticos han intentado por todos los medios impedir que un sistema de ese tipo pueda funcionar. A pesar de la reforma Constitucional que impulsó el presidente, los legisladores no querían terminar las leyes. Hubo que presionarlos con 600 mil firmas y harto periodicazo. Ahora arrastran el nombramiento del fiscal anticorrupción. Después intentarán que no haya presupuesto. Su terror es que ocurra lo de Brasil: un puñado de jueces que realmente creen en la ley, que tienen poder suficiente, han puesto al sistema político brasileño al borde del colapso. Así ocurriría aquí, sin duda.

En materia de inseguridad, los que nos hacemos tarugos somos todos. México destina a seguridad, justicia y defensa apenas 1.3 por ciento del PIB. Cualquier país parecido al nuestro gasta al menos 5.0 por ciento. Es decir, si queremos que se acaben los crímenes, hay que invertir en una policía bien pagada, con buenas prestaciones, preparada. No hay policías perfectas, pero la Federal es sin duda mucho mejor que las estatales y municipales. Pero son 40 mil efectivos. Puesto que no alcanzan, ya metimos a las Fuerzas Armadas, que ahora no sólo reciben balas de los criminales, sino insultos de políticos y activistas, que afirman que hay que regresarlos a sus cuarteles. Pues sí, no es trabajo de las Fuerzas Armadas la seguridad pública, pero no hay nadie más que lo haga. Los activistas podrían darse una vuelta por otros lugares del país promoviendo el retiro de los militares, no nada más en el Distrito Federal, a ver qué les dicen.

No hay duda de que las Fuerzas Armadas deben dejar la seguridad pública, el asunto es cómo y en cuánto tiempo. Si no hay más inversión, de nada sirven las buenas intenciones de quienes promueven los derechos humanos, ni los mandos mixtos o únicos ni nada.

Así que si queremos que terminen corrupción e inseguridad, necesitamos volcarnos encima de los legisladores para exigir avances serios en el Sistema Nacional Anticorrupción y para que haya presupuesto suficiente. Y esto significa, al menos, duplicar las cantidades que dedicamos a estos temas. Como siempre ocurre, me dirán que para qué gastamos más si se lo están robando. La respuesta más fácil es que si no gastamos más, nunca dejarán de robar. Es decir, terminar con la impunidad exige ese gasto adicional. Un policía que tiene asegurada su vivienda y la educación de sus hijos tomará más riesgos. Un juez que tiene resueltos sus problemas cotidianos puede enfrentarse al poder. Así ha ocurrido en otras partes: Intocables, Manos Limpias, Lava Jato. Grupos construidos para realmente aplicar la ley. Unos pocos ejemplos y todo empieza a moverse diferente.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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