Opinión

¿Corrupción como una amenaza a la seguridad nacional?

 
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Corrupción. (poderindustrial.com)

Por el impacto que tiene la corrupción en la credibilidad de las instituciones en el país, ha llegado el momento de considerar este problema como un riesgo a la seguridad nacional.

El tema de corrupción está de moda en México, por la simple razón de que más que resolver el problema ante la lenta democratización del país, parecería que el problema se ha ido agravando por lo menos desde la perspectiva de la población. Pero adicionalmente, los mecanismos tradicionales que han ayudado a resolver la corrupción en otros países: libertad de expresión, medios de comunicación, leyes de transparencia y sobre todo la competencia política que debería resultar en la elección de candidatos y nombramientos de funcionarios menos corruptos, en México parecería que han tenido poco efecto.

Hace 15 años cuando publiqué mi primera edición de Seguridad Nacional Hoy: El Reto a las Democracias, en el capítulo sobre amenazas no incluí el problema de corrupción como un tema de seguridad nacional. Porque hacerlo implicaría reconocer que se necesitarían los recursos que caen bajo el ámbito de seguridad nacional –como las Fuerzas Armadas y las corporaciones de inteligencia– para enfrentar este problema. Explicaba en mis talleres que con todos los problemas que enfrenta un país, el resolver los problemas dentro del ámbito de seguridad nacional tiene que ser la última instancia de los gobiernos, ya que el ámbito de seguridad nacional requiere darle prioridad a los riesgos y amenazas. Y al darle prioridad a un 'problema' sobre los otros problemas que enfrenta un país, significa también que tiene impacto en cómo se reparte y se le da prioridad a los limitados recursos con que cuenta el Estado.

En la Cumbre Mundial Anticorrupción efectuada en Londres la semana pasada, México fue uno de los 40 países que participaron, con 11 jefes de Estado y de Gobierno, y representantes de la Unión Europea, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

A la luz de este foro, el secretario de Estado, John Kerry, publicó una columna donde resaltó la posición de su gobierno. Y sí, parecería que ensancha la preocupación sobre el tema de corrupción al ámbito de seguridad nacional cuando señala que: “mermando las funciones básicas del Estado como seguridad y justicia, la corrupción crea frustración y vacío, lo cual los extremistas violentos rellenan, con falsas promesas de un mejor trato. Eso explica cómo el Daesh se enraizó en Iraq y el porqué del Talibán y su resistencia en Afganistán. Hasta que sea nuestra prioridad la lucha en contra de la corrupción, estos grupos perversos continuarán con la victimización y el reclutamiento de nuevos seguidores que se sienten impotentes y a su vez convencidos de que los sistemas tradicionales están en contra de ellos. Los traficantes y cárteles también florecen en la corrupción, y los más vulnerables –por lo general mujeres, niños y minorías– suelen pagar el mayor precio. La corrupción también les permite a malos actores ejercer impacto en las decisiones gubernamentales en maneras que casi siempre terminan por dañar al ciudadano de a pie. Abra cualquier periódico y encontrará reportes de funcionarios y ministros capturados por malversaciones, guardias fronterizos sobornados para hacerse de la vista gorda o criminales exonerados por pagar una cuota. Igualmente preocupante es que la corrupción no sólo impulsa las grandes amenazas de nuestro tiempo, también imposibilita el accionar de los gobiernos para combatirlas”.

Estas son algunas de las ideas expresadas por el secretario Kerry y la posición de Estados Unidos ante este problema. Es difícil contradecir su argumento al observar lo que está sucediendo en México.

La corrupción no sólo impacta la credibilidad del Estado dificultando la gobernabilidad del país, también permite que los peores elementos de una nación, los violentos, florezcan, destruyendo las débiles democracias.

Y sí, el representante de México, el secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade, acordó con los otros países un centro anticorrupción internacional que sería coordinado por la OCDE. Sí, es de risa loca cuando uno piensa que México quiere apoyar un centro internacional para combatir la corrupción cuando en casa hay una pandemia que no se ha podido, o no se ha querido resolver.

Y sí, digan lo que digan, la reducción de la corrupción a final de cuentas es un problema de voluntad política. Y por no resolverlo mediante los mecanismos normales a que pueden acceder las democracias, ahora también hay que considerarlo como un problema de seguridad nacional.

Twitter: @Amsalazar

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