Opinión

Contraste de visiones

Los extranjeros, por lo menos desde Nueva York, tienden a ver con más optimismo las perspectivas de México en el largo, e incluso en el corto plazo, que quienes vivimos aquí.

Hay pocas dudas entre los inversionistas que se reúnen en la Gran Manzana, de que México puedan conseguir relativamente pronto tasas de al menos 4.0 por ciento de crecimiento en el PIB, quizá desde el próximo año… siempre y cuando no se descarrile la economía mundial.

Si no hubiera trastornos mayores por efecto del probable retiro gradual de la liquidez internacional, entonces la conjunción de la recuperación gradual del mercado interno y el impulso que tendría la industria exportadora serían suficientes para llegar a un ritmo de 4.0 por ciento en el crecimiento.

A distancia, la perspectiva de largo plazo se ve más clara, sin los vaivenes de la política doméstica y de las variables que describen una realidad con muchos más matices.

No es que una realidad sea correcta y otra no. Simplemente, los detalles se ven mejor de cerca y las grandes tendencias se aprecian mejor a distancia. Es un simple asunto de perspectiva.
Va el ejemplo de un detalle que puede verse con dos ópticas:

Resulta que el reporte que hace poco más de un mes dio la ANTAD a propósito de la evolución de las ventas minoristas de sus asociados, indican en julio una caída real de 2.7 por ciento en las ventas a mismas tiendas.

Sin embargo, el resultado que ayer dio a conocer el Inegi de su encuesta de establecimiento comerciales indica un crecimiento de las ventas minoristas de 0.4 por ciento en términos reales respecto a junio (con cifras desestacionalizadas), lo que en escala anual implica un alza de 4.8 por ciento.

Cuando se vieron los datos oportunos de la ANTAD, no pudo sino llegarse a la conclusión de que en julio se había vuelto a presentar un retroceso de las ventas internas. Sin embargo, con la muestra más amplia de la encuesta del Inegi, resulta que no.

La perspectiva más amplia hace abstracción de esos detalles a veces cambiantes, y más bien pone el acento en las grandes fuerzas subyacentes, que a la vuelta de algunos meses o de algunos años le darán otro impulso a la economía.

Por eso la perspectiva a distancia, que no atiende a la coyuntura sino la estructura, tiende a parecer más optimista en la circunstancia que hoy vive México.

No quiere decir que el optimismo sea generalizado y sin reservas. Existen todavía ciertos temores, por ejemplo, respecto al asunto de la inseguridad y el gran tema de la certeza jurídica (es decir, el Estado de derecho) en nuestro país.

No se pueden obviar tampoco las amenazas de la economía internacional, por más que la perspectiva de crecimiento de Estados Unidos sea buena.

No se puede obviar el hecho de que estamos en una situación inédita en la historia económica del mundo y que no hay certeza plena de cómo va a moverse la economía mundial frente al retiro de los más de cuatro billones de dólares de liquidez que se inyectaron desde la crisis.

Así que, con todo y el optimismo, no se puede perder de vista esta incógnita que aún permanece.

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