Opinión

Contra la pared y sin inspiración

  
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Trump, presidente electo. (Reuters)

El martes aprendimos que Donald Trump no está solo ni es un loco marginal. Ese día obtuvo la mayoría de los votos del Colegio Electoral y en enero se mudará a la Casa Blanca. Sus amenazas –no podemos llamar promesa a la pretensión de construir el muro fronterizo o a la idea de expulsar mexicanos– pasarán de la retórica a una suerte de programa de gobierno que, en parte, se basará en cobrar réditos a México.

La elección estadounidense nos ha puesto contra la pared. Hasta los niños de las familias mexicanas entienden que las noticias que llegaron del norte son terribles. No es preciso que Trump cumpla al pie de la letra sus amenazas contra los intereses de México para hacer daño a nuestro país. La mera elección del empresario ya ha provocado una histórica jornada de debilidad para nuestra moneda. Y lo que falta.

En esa coyuntura, un hombre solo habló a los mexicanos de unidad. El presidente de México salió a dar un mensaje. Y el mensaje fue una más de las señales de la mala hora que vivimos.

En el planeta hay una coincidencia. El martes el mundo dio un giro sin precedente. El personaje al que los estadounidenses decidieron dar la presidencia de su país es visto con desconfianza por asiáticos, europeos y americanos. Los 'diferentes', que el lunes se sentían más iguales que nunca en la historia, hoy se saben amenazados por mandato del pueblo más poderoso de la tierra.

Y entre esos supuestos 'diferentes' los mexicanos hemos sido catalogados como violadores, criminales, robaempleos, abusivos, estafadores, poco confiables.

La madrugada del miércoles, ya como ganador de la elección, Trump habló a sus seguidores y no corrigió los insultos ni cambió sus amenazas. Construye el muro fue el cántico de la victoria de quienes le vitoreaban.

De este lado de la frontera el miedo es real. El gobierno dispuso que dos funcionarios salieran a primera hora de la mañana a hablar a los mercados. El secretario de Hacienda, José Antonio Meade, y el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, subrayaron las fortalezas de la economía. Su mensaje parece haber sido el correcto en el plano financiero. El devaluado peso se quedó estático, ningún viento de tormenta económica soplaría en las siguientes horas.

Pero faltaba la voz del líder, las palabras de quien debe marcar desde el primer momento la ruta a seguir ante la adversidad.

Enrique Peña Nieto decidió salir al mediodía. Solo, sin su gabinete, sin los otros poderes, sin solemnidad. Hablaría cinco minutos. Diría muy poco.

Si no vieron el mensaje, no importa. Nadie lo va a recordar. Nadie podría mencionar algo de genuina relevancia en las palabras de ayer de quien preside el país que se sabe amenazado. No fue un texto elaborado para igualar la gravedad de un momento nacional.

El presidente dijo que estamos ante “una gran oportunidad”. Ofreció entregarse en “cuerpo y alma” para velar por los intereses de los mexicanos. Y poco más. No anunció medida extraordinaria alguna.
Decretó la unidad sin convocarla, sin inspirarla. Y llenó el tiempo con lugares comunes, como si fuera común, y no extraordinaria, la llegada de alguien como Trump a la presidencia de la Unión Americana.
Las palabras del presidente Peña Nieto lo muestran como alguien desconectado de la realidad, al menos de la realidad de sus gobernados, que ayer masticaban temor, estrés, frustración.

Nadie pide a Peña Nieto desplantes de patriotismo o teatralidad insustancial, pero pudo haber aspirado a infundir confianza y esperanza. No dejarnos contra la pared y sin inspiración.

Twitter: @SalCamarena

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