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peso dolar

Como hemos comentado en Fuera de la Caja en varias ocasiones, estamos viviendo un ajuste económico global, que en México notamos por la depreciación del peso, pero que en realidad aplica a todas las cosas que se cotizan internacionalmente en dólares. No es que el peso sea débil, sino que el dólar es fuerte, y eso significa que no sólo nosotros nos movemos, sino buena parte de las divisas y de los bienes primarios, conocidos también como commodities.

No estoy totalmente seguro de la causa de este proceso de fortalecimiento del dólar, pero todo indica que responde a la fragilidad de las otras grandes economías del mundo: China y Europa. Como usted recuerda, en Europa los problemas empezaron hacia 2011, casi tres años después de la crisis estadounidense. El inicio puede ubicarse en aquella discusión en el Congreso de Estados Unidos acerca del techo de endeudamiento de su gobierno. Ante la duda de si el gobierno estadounidense entraría en cesación de pagos, y con ello en una crisis severa, los grandes inversionistas reaccionaron moviéndose hacia Estados Unidos. Lo mismo que había ocurrido en 2009: debido al tamaño de la economía de ese país, y del privilegio exorbitante que implica tener la moneda de referencia global (y el sistema financiero más eficiente del mundo), cuando hay problemas, en lugar de que los capitales se vayan, llegan.

Al abandonar los mercados europeos, los capitales forzaron un alza en las tasas de interés que pusieron en graves problemas a todos los gobiernos del continente, excesivamente endeudados. Usted seguramente recuerda la crisis de Grecia, y la amenaza de que eso se extendiera a España, Portugal o Italia. No ocurrió entonces, pero de cualquier manera se vivieron años muy difíciles, de los que no se han recuperado. La economía europea prácticamente no crece desde entonces.

China tiene otra dinámica. El elevado crecimiento de ese país, con base en un modelo orientado a una gran inversión, tuvo como contraparte un desequilibrio muy serio entre consumo e inversión. Eso mismo ha ocurrido en todos los países que han seguido el mismo modelo, y eventualmente tienen que frenar la inversión y promover el consumo. China había empezado ese trámite en 2008, pero la crisis de 2009 los espantó mucho, y decidieron relanzar la inversión para evitar problemas. En ese año, las exportaciones de China tuvieron una caída similar a la nuestra, de más de 20 por ciento, pero China no se contrajo 6.0 por ciento como nosotros, sino que incluso creció 9.0 por ciento (según sus cifras).

Pero ese absurdo incremento en la inversión los puso en una dirección muy peligrosa. La deuda de ese país ha crecido en más de 150 por ciento de su PIB desde entonces, y ya era alta. Así que China, en lugar de atemperar la inversión y promover el consumo, se ha metido en una espiral de deuda que no tiene otro final que el que usted vio en 2009 en Estados Unidos, o en 1994 en México, o en tantos otros lugares. Esto no parecía entenderse en los círculos financieros, hasta mediados de 2014, cuando empezaron las preocupaciones en serio. Ya nadie cree que China crezca a los ritmos que ellos publican, que andan en 6.0 por ciento.

La Unión Europea y Estados Unidos representan, cada uno, 23 por ciento del PIB mundial; China 14 por ciento. Suman 60 por ciento de la producción del mundo, y si ellos no crecen, los demás tampoco. Frente a esa amenaza, los capitales se han movido de nuevo. Claro, a Estados Unidos. El resultado ha sido la apreciación del dólar, que desafortunadamente lo que está provocando es precisamente lo que querían evitar: el mundo se atora, y mañana se lo platico.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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