Opinión

Construyendo un palacio sin cimientos

Uno jamás consideraría poner caras instalaciones y muebles hechos a la medida en una casa sin cimientos. Eso es lo que hacemos con las reformas. Podemos ser más o menos críticos u optimistas sobre éstas, pero claramente no bastan para que el país se desarrolle. Seguimos sin cimentar una construcción a la que le vamos agregando pisos, arriesgándonos a que todo se desplome.

El alcance del gran logro conseguido por la reforma energética se verá limitado porque no hemos hecho tareas básicas. Quien quiera participar en la gran oportunidad que presenta nuestro país, tendrá que lidiar con los enormes costos implícitos en operar aquí.

En México, el robo es una práctica común a todos los niveles. Hay cientos de tomas clandestinas en las que se sustraen millones de barriles de hidrocarburos cada año. Éstos son vendidos impunemente a plena luz del día. El crimen organizado, diversificando sus fuentes de ingreso, se beneficia de esta práctica y de la extorsión, un riesgo constante como lo es el secuestro de ejecutivos y de empleados. Hay amplias extensiones bajo el control de narcos en estados como Tamaulipas, estratégicos para el desarrollo energético deseado. En las gasolineras se le roba al público diariamente, vendiéndoles “litros” que no lo son. Romero Deschamps, líder petrolero, es rico a niveles épicos y no hace siquiera el intento de ocultarlo; nadie le pide cuentas. La impunidad generalizada es irrefutable evidencia de amplios niveles de complicidad y aquiescencia.

Pero, la podredumbre sindical va más allá de maestros, petroleros o electricistas. Para quienes tienen empresas de cualquier tamaño, desde grandes industrias hasta pequeños restaurantes, es común que se les aparezcan periódicamente sindicatos que abusivamente los extorsionan.
México es probablemente el país más corrupto de América Latina, quizá sólo rebasado por Venezuela y muy cerca de Argentina. Para corrupción así de generalizada se requiere no sólo de corrompidos sino también de muchos que corrompan. La falta de valores en México es pavorosa.

Pero, es la impunidad lo que explica la corrupción generalizada, ésta no es “cultural”. Cuando los mexicanos migran a Estados Unidos, siguen celebrando el 12 de diciembre y se reúnen en familia los domingos. Eso sí es cultural. Pero, ahí respetan las leyes, se paran en los altos y pagan impuestos; saben que tiene consecuencias no hacerlo.

Existen mayores o menores niveles de corrupción en todas partes, pero estando tan generalizada tiene un impacto negativo en la inversión, pues se vuelve una especie de impuesto. Como bien sabemos, afecta desde la educación pública hasta derechos de propiedad. Ciertamente, hay países como China, que han logrado crecer a pesar de evidente corrupción, pero es por ésta que les será difícil realmente desarrollarse. No es lo mismo.

El mercado laboral en México es rígido. Se tiene que pensar dos veces antes de contratar a alguien, pues resulta complicadísimo despedirlo si algo no funciona. Las liquidaciones de ley son elevadísimas y absurdas, las demandas a los patrones en Conciliación y Arbitraje son comunes. Independientemente de evidencia y circunstancias, para lograr un fallo a favor del patrón tiene que ocurrir un milagro.

Es muy difícil encontrar trabajadores que tengan el nivel de educación, capacitación y experiencia deseados. Nuestro paupérrimo sistema educativo no los equipa con herramientas básicas. Esto es un problema a todos los niveles. Será particularmente problemática la falta de ingenieros petroleros. Por décadas, era muy poco atractivo estudiar esa carrera, sabiendo que Pemex era su única alternativa laboral.

Todo tipo de regulación es compleja y usualmente deficiente en México. No se ha puesto énfasis en desarrollar reguladores profesionales y la reciente decisión de empoderar a la Secretaría de Energía con atribuciones amplias sobre el regulador en materia energética, es un error que costará caro. Además, hay que lidiar con un sistema judicial vergonzoso, en el que el fallo lo gana el mejor postor. La administración de justicia es infame. Los poderosos siempre ganan, ya sea comprando al juez o escudándose en refugios legales como el amparo, herramienta de la que abusan.

¿Por qué en México tan pocos emprenden, mientras que en Estados Unidos hay, literalmente, más de un millón de negocios formales propiedad de mexicanos? ¿Será también por motivos “culturales” o que el ecosistema en México tortura al emprendedor, mientras que en Estados Unidos simplemente se fomenta esta actividad?

México tiene una pequeña ventana de oportunidad para pasar de ser un país de ingreso medio a uno “desarrollado”. No muchos han logrado hacer esa transición, pues no es trivial hacer los cambios estructurales indispensables. El status quo será siempre defendido por aquellos a quienes beneficia. Para romper esos cuellos de botella se requiere de lucidez, determinación, valor y políticas públicas claras. Este gobierno parece más preocupado por lo cosmético. Los cimientos no son tan visibles como la decoración, pero son más importantes.

¿Por qué no crece más México? Me sorprende más que, a pesar de todo, logre crecer un poco.