Opinión

Consejeros electorales al ataque

A Gil le da el soponcio nada más de pensar en esta frase del averno: “la preeminencia global de racionalidad instrumental del mercado sentó sus reales”.

El nacimiento del Instituto Nacional Electoral ha despertado en Gil emociones disparejas. La primera de ellas: Lorenzo Córdova, una garantía al frente del instituto, lo mismo que Ciro Murayama en su papel de consejero. El compromiso democrático de ambos parece de cemento armado y su seriedad a prueba de sectas fanáticas. Al parecer, el perfil de Benito Nacif está cerca de esos dos jefes del conocimiento electoral. Encerrados en el instituto, día y noche, pasando penurias en consejos generales de ocho o diez horas, discutiendo banalidades, votando una y otra vez, comiendo comida rápida, quizá estos hombres y estas mujeres puedan enfermar de tedio, el padecimiento de todos los consejeros electorales: el aburrimiento.

Si el perfil del resto de los consejeros tuviera la mitad del compromiso con la legalidad de estos personajes, el dudoso INE habría montado un trabuco notable. En ésas estaba Gamés cuando irrumpió en su idilio con los consejeros del INE el señor Javier Santiago Castillo, flamante consejero del INE. La intervención de Santiago en la instalación del Consejo General del Instituto empezó así: “La última crisis del pensamiento moderno iniciada con la caída del muro de Berlín marcó el fin de un ciclo histórico y el nacimiento de otro”. A Gil le gusta la profundidad y lo que usted quiera sacar de la maleta de los conceptos, pero no exageremos, ¿qué rayos tiene que ver el muro de Berlín con la instalación del consejo? Es como si Gamés dijera: el futbol nacional fracasa por culpa de las reformas Borbónicas y la clave de nuestro balompié se encuentra en el virreinato y, en especial, en el gobierno del virrey Goncalvez.

Engrandecido por su nombramiento, Santiago vio la oportunidad de trascender. No se rían, todos un día han querido trascender. De hecho, Gamés también quiere trascender. Oigan a Santiago: “La idea de emancipación humana se vio seriamente vulnerada, al grado que llegó al sinsentido de decretar el fin de la historia. Sin embargo, no se ha claudicado en la aspiración de construir una sociedad más justa”. El maestro Santiago no se cuece al primer hervor, ha sido presidente el Instituto Electoral del DF y tiene rango académico en la carrera de Ciencias Políticas de la UAM. Bueno, y le gusta hacerla de tos, como si estuviera fundando la Unión Europea, o algo más grande. Gil no va caer en el garlito (gran palabra) de Santiago, pero diantres, ¿la caída del Muro de Berlín vulneró la emancipación humana? Ya empezaron los problemas. El maestro Santiago divaga más que Cantinflas.

Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y caviló: aquí hay complejidades. El discurso inenarrable del maestro Santiago torturará a sus compañeros consejeros y a la prensa en general durante 3 años. Gamés jura y perjura que cada vez que el Consejo General quiera llevar adelante un punto de acuerdo, Santiago pedirá la palabra para decir algo como esto: Señoras y señores: el desembarco en Normandía costó miles y miles de muertos. ¿Podemos negar esta realidad histórica? Consejero Santiago, convendría hablar del problema de Toluca. Y Santiago, dueño de sí y de su cerebro, dirá: Churchill mintió, compañero, acéptelo.

Es verdad que estas cosas pasan en los manicomios y no siempre en un Instituto Nacional Electoral, pero nadie puede predecir el porvenir. Le llaman perder el foco y es muy común entre los académicos distraídos. Oigan esto y díganle a Gil si corresponde a un discurso electoral, o como se llame: “La preeminencia global de racionalidad instrumental del mercado sentó sus reales en la visión de las élites atentando en mucho contra la dignidad del ser humano, dignidad que sólo existe cuando se materializa el acceso a la salud, la educación, la vivienda, la cultura y la participación en la toma de decisiones en la vida comunitaria”. Ya salió el maldito peine, Santiago no quiere ser consejero, no quiere ayudar a la organización de una elección, él lo que quiere es ser un político activo y formar parte de un partido político. Muy bien, consejero Santiago, pero entonces, ¿para qué aceptó el cargo?

A Gil le da el soponcio nada más de pensar en esta frase del averno: “la preeminencia global de racionalidad instrumental del mercado sentó sus reales (…)”. Ay, Dios mío, a Gamés le va a dar algo. “Sentó sus reales”, gran figura de certidumbre. Se imaginan a este consejero en un momento culminante de una elección. Pobre Lorenzo.

La máxima de Kant espetó en el ático: “Pensamientos sin contenido son vacíos; intuiciones sin conceptos son ciegas.” 

Gil s’en va

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