Opinión

Congresistas, no somos iguales

   
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Manlio Fabio Beltrones

Si Mireya Cruz Levario quisiera trabajar para un periódico extranjero, no podría hacerlo. Porque si colaboras en un diario como El País, por ejemplo, para cobrar has de presentar anualmente algo llamado “comprobante de residencia fiscal”. Con ese papel se acredita que uno está a mano con 'Lolita'. Y Mireya no está a mano con 'Lolita'.

Pero como Mireya Cruz Levario trabaja en el gobierno, en el de Coyoacán, donde se desempeña como directora de Desarrollo Económico, pues no importa. Mireya puede cobrar de lo que pagan los contribuyentes sin ella estar al día en sus obligaciones. (Aquí su tres de tres fiscal consultada ayer http://bit.ly/1tz5WUc).

Si eres un particular y vas al médico, puede ocurrir que al pedir factura te digan que si pagas con tarjeta te trasladarán el costo de la comisión. Te peleas sin éxito. El colmo es que la factura te la hacen por el monto sin comisión. Oiga, si Hacienda me hace una auditoría, factura y cargo no coincidirán, te quejas, otra vez, con cero éxito. Queda rezar para que nunca haya una auditoría que encuentre tal disparidad.

En cambio, si eres parte de un cuerpo legislativo y te dan dinero para tu módulo de atención ciudadana o para tus asesores, etcétera, no tendrás que preocuparte en lo más mínimo por hacer coincidir gastos y comprobantes: las cantidades que entrega la bancada quedan comprobadas al momento mismo en que el (la) legislador (a) las recibe.

Si vas en una calle congestionada, tendrás que esperar, pero si eres Manlio Fabio Beltrones (por ejemplo, a quien vi el otro día en el parque de Polanco hacer eso), una patrulla abrirá el paso para que no tardes en el caos vehicular.

Si llegas de viaje y eres un funcionario como José Antonio González Anaya, no harás fila y te ayudarán a pasar la aduana (ver tuits de ayer de Isabel Arvide Limón), si eres alguien más tendrás que fletarte la tardanza del siempre escaso personal de Migración en el aeropuerto y las filas en la pelotera de la aduana.

Seguro ustedes tienen a mano otras viñetas parecidas a estas. Hablan de dos mundos. El de los mortales… y el de la clase política.

La injusta disparidad entre esos mundos generó un malestar social que, entre otras cosas, se vio reflejado en el abrumador respaldo a la iniciativa 3de3 –630 mil firmas– y en las derrotas de gobiernos estatales que no se cansaron de protagonizar escándalos de corrupción, ineficiencia e indolencia.

Esa distancia entre políticos y ciudadanos debe terminar, fue el mensaje de las urnas. Lo que aplica para los contribuyentes –no deja de ser sintomático que la recaudación fiscal ha crecido anualmente a la razón de dos dígitos– debe también aplicar para los políticos: rindan cuentas ya.

Ese es el espíritu del paquete anticorrupción. Y si bien el Senado aprobó buena parte de lo que varias organizaciones de la sociedad civil demandaron en ese tema, es importante subrayar dos cosas: a) que en todo momento –incluso después del mensaje de las urnas– los políticos regatearon todo lo que pudieron antes de ceder a la exigencia ciudadana; y b) que de última hora limaron dientes a la ley al tiempo que sumaron una disposición para vengarse de la IP al exigir que también haga 3de3.

No caigamos en la trampa discursiva del Senado. Nada de agradecer lo aprobado. Se quedaron cortos. Y fallaron de nuevo: es a ustedes a quienes urge demostrar que ya entendieron el hartazgo, no a nosotros mostrar que hemos cumplido con las leyes fiscales y otras.

Twitter: @SalCamarena

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