Opinión

Confianza ¡Cómo te extraño!

Presidente de Sociedad en Movimiento.

Sobre la Confianza, así con mayúsculas, se construye una familia, una empresa y una nación ¡Qué difícil es ganarla! ¡Qué fácil es perderla! La más importante de todas ellas es la confianza en uno mismo.

México está inmerso en la corrupción y ésta, por razones obvias, es un enemigo mortal de la confianza.

La clase política, entre otras, goza de un bien ganado desprestigio. Las fortunas hechas al amparo de puestos públicos irritan a la ciudadanía, particularmente porque la regla del juego que impera es la de la impunidad. Corrupción e impunidad, un binomio que opera en todas las esferas de nuestra nación y que nos hemos acostumbrado a verlo como algo natural y contra el cual poco podemos hacer. Pero su costo es enorme.

Ayotzinapa se ha transformado en un caso paradigmático que revela a la luz pública la corrupción de los dirigentes políticos del Estado de Guerrero y, lo que es peor, sus nexos con el crimen organizado. Conforme se avanza en la investigación aparecen más cadáveres desconocidos hasta la fecha y más pruebas de la indescriptible corrupción que opera en esa región ¡Se despide al gobernador de ese Estado! ¿Es eso suficiente? Se da a conocer que el presidente municipal de Iguala, actor principal junto con su esposa de esta terrible situación había asesinado a uno de sus rivales políticos hace unos cuantos años y que este hecho era ampliamente conocido por la comunidad política, entre otras por el PRD, partido que lo postuló a la presidencia municipal y al que pertenecía este singular sujeto ¿Los ciudadanos de a pie tenemos o no derecho a indignarnos y a preguntar en cuántos municipios y estados de la república sucede algo similar? ¿Qué responden los partidos políticos, no sólo el PRD, a estos hechos? Sin duda que el desprestigio de estos partidos ante los ojos de la ciudadanía está bien ganado.

¡Todos somos Ayotzinapa! Dice el señor presidente Peña Nieto y lanza un decálogo que pretende dar un viraje a la nación, por lo menos en lo que toca a la seguridad, tema de vital importancia para los mexicanos. Decálogo que a nuestro parecer tiene cosas buenas, otras que ya habían sido anunciadas o intentadas sin éxito con anterioridad y otras más de difícil implementación pero que no por eso ambos casos debieran descartarse. El gran ausente en este decálogo, en nuestra opinión, es el ataque frontal que debe darse a la corrupción, pues si no se logra abatir ésta, difícilmente podrán tenerse resultados tangibles en las buenas intenciones de los diez mandamientos de Peña Nieto. Si yo tuviera que lanzar un grito, éste sería ¡Cero corrupción! pero para lanzarlo hay que tener la conciencia limpia, muy limpia ¿La tendrán nuestros políticos? El asunto de la llamada Casa Blanca ha llegado en el momento más inoportuno y los innumerables comentarios que esto ha traído aparejado con los del ferrocarril a Querétaro, proyecto cancelado intempestivamente, dañan, sin duda, el ambiente que nos gustaría respirar. Carne para tiburones, muchos de ellos militantes de las huestes de López Obrador, político a la caza de oportunidades para desprestigiar a nuestras instituciones. Mientras más mal le vaya al país, mejor le va a este hábil y oportunista político sediento de poder.

El binomio inseguridad y crecimiento económico raquítico, ambos alimentados por la corrupción, es síntoma de una grave enfermedad que hay que atacar en su raíz, so pena de que los estados fallidos, como son o pueden llegar a ser Guerrero y Tamaulipas, contagien a toda la nación. El crimen organizado, alimentado por los cuantiosísimos recursos económicos del narcotráfico, es la mayor amenaza que padecemos.

Es fácil, relativamente, juzgar y criticar. Es difícil proponer y construir. Pero estamos obligados a ello.

Ratifico lo que hemos propuesto desde tiempo atrás un grupo numeroso de mexicanos: Hagamos un Pacto emanado de la sociedad –no como el reciente en donde la sociedad fue excluida- que le dé rumbo al país y negociemos con todos los órdenes del Estado mexicano su fiel cumplimiento tanto por parte de la sociedad como por parte del sector público. Un Pacto cuyo cumplimiento puede ser vigilado por un observatorio con mayoría ciudadana que reporte los avances con una periodicidad por lo menos semestral.

La solución al problema de México está en manos de todos los mexicanos y no sólo en la clase política que ya demostró su incapacidad. Muchos podemos hacer poco, pero debemos hacerlo. Otros pueden hacer mucho y deben hacerlo. Como dijo un lema del pasado, la solución somos todos. Para lograrlo solo necesitamos tres cosas: Líderes, líderes y líderes. Líderes auténticos de gran capacidad y moralidad que tengan como único objetivo el bienestar del país. Líderes que deben trabajar de abajo hacia arriba, de los municipios a los estados y de éstos a la federación. Líderes que arrastren con su verbo, pero sobre todo con su ejemplo y pongan a trabajar a toda la población. Líderes de historial intachable dispuestos a entregarse a los demás.

¿En donde están estos líderes que tanto necesitamos? Queremos que levanten la mano y se sujeten al más severo escrutinio público ¡Qué trabajo tan maravilloso tendrían frente a ellos quienes resultasen elegidos!