Opinión

¿Con melón o con sandia? Trump vs Cruz

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TRUMP

Hemos leído incontables artículos sobre lo grave que sería para el mundo, Estados Unidos y México si Trump llegara a ser Presidente. Las notas y la información sobre Ted Cruz son menos alarmantes, no obstante que probablemente pueda ser tan funesto o quizá aún más que el millonario.

Al día de hoy, después de la elección en Nueva York, Trump tiene 845 delegados, mientras el senador Ted Cruz, tiene 559. La diferencia de 286 delegados no es todavía insuperable. Cruz es la alternativa para cerrar el paso a Trump de los grupos más conservadores en el Partido Republicano y están apoyándolo con cantidades importantes de dinero, así como de subterfugios legales en la contienda por obtener más delegados para la Convención republicana en julio.

Ted Cruz, el “anti-Trump”, nació en Calgary, Canadá en 1970, hijo de madre norteamericana y de padre cubano. Estudió Derecho en la Universidad de Princeton y en Harvard. Su trayectoria política es corta: procurador general de Texas (de 2003 a 2008) y senador por ese estado sureño (desde 2012).

Como procurador general de Texas, Cruz alcanzó mucha visibilidad nacional al defender al estado de Texas de la injerencia del gobierno federal. El caso más controvertido, del que Cruz ha expresado mayor orgullo públicamente, fue el Medellin vs Texas, que tuvo repercusiones internacionales. El presidente George W. Bush había exhortado al estado de Texas a acatar un fallo de la Corte Internacional de Justicia de detener la aplicación de la pena de muerte a 51 ciudadanos mexicanos acusados de homicidio –entre ellos a José Medellín, de ahí el nombre del expediente– y de volverlos a juzgar debido a que no tuvieron la protección consular que establece la Convención de Viena.
Cruz alegó a la Suprema Corte de Estados Unidos que el Presidente había sobrepasado sus facultades. La Corte falló a favor de Texas 6 a 3. Este caso es sólo un ejemplo de cómo avanzó la agenda conservadora al limitar de manera contundente la capacidad del Ejecutivo federal norteamericano de cumplir tratados internacionales.

Como senador, Cruz contribuyó a la paralización de los servicios gubernamentales en septiembre de 2013. En esa ocasión, se apoderó de la tribuna del Senado donde habló durante más de 21 horas para oponerse a la Ley de Cuidados de Salud Asequibles –conocida como “Obamacare”–. Esta táctica de delación –conocida como “filibusterismo”– fue muy criticada entre sus compañeros de bancada, pero confirmó su compromiso con las causas más conservadoras. Su rechazo a negociar con los demócratas y de oponerse a cualquier propuesta del ejecutivo ha puesto en situaciones muy comprometedoras al líder de su bancada y al speaker del Senado. Lo acusan de un fundamentalismo extremo que lleva la batalla más trivial hasta sus últimas consecuencias.

Gracias a este desempeño, la imagen que ha consolidado en los medios de comunicación es la del campeón del “Tea Party”, el grupo de presión ultraconservador que se enquistó en el Partido Republicano tras la crisis económica de 2008-2009. Cruz se presenta a sí mismo como un hombre congruente y fiel a sus principios. Presume ser ajeno al sistema y hace de su fe –profesa el cristianismo bautista– un asunto público, que debe regir todas sus decisiones. Cruz tiene posiciones extremas en temas que van de la oposición al control de armas, el aborto y los matrimonios igualitarios, así como el control férreo de la migración.

Hay posibilidades de que Cruz sea el candidato republicano. La diferencia con el magnate no es sólo de estilo. Un hipotético presidente Cruz podría ser más consistente con su posición ideológica ultraconservadora y más efectivo para revisar los derechos adquiridos de las minorías, recortar el financiamiento al “Obamacare”, para levantar el muro fronterizo entre Estados Unidos y México para ignorar los compromisos sobre cambio climático de París o para echar para atrás el acuerdo con Irán. Que Trump no sea el candidato del Partido Republicano no necesariamente tendría que ser una buena noticia.

Twitter: @lourdesaranda

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