Opinión

Competitividad

   
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Foro Económico Mundial de América Latina. (www.diariolibre.com)

El Foro Económico Mundial publicó su reporte anual del Índice de Competitividad Global. México aparece en el lugar 51, el mejor que ha obtenido desde 2008 (los reportes previos, desde 2004, no son accesibles). Antes de este reporte, nuestro mejor resultado había ocurrido en 2012, con el lugar 53, pero después empeoramos hasta el 2014, llegando al 61. Hemos mejorado diez lugares en dos años, que no es mala cosa. Para que tenga un punto de comparación, México y Brasil tenían una posición similar en 2013, 55 nosotros y 56 ellos. De entonces para acá, Brasil se ha ido al lugar 81, mientras nosotros, como decíamos, llegamos al 51: treinta posiciones de distancia.

América Latina no sale bien librada en este indicador, como quiera que sea. El país mejor colocado, Chile, se ha mantenido entre el lugar 30 y el 35, y Panamá y Costa Rica han estado en el rango de los 40 y 50. En esta última edición, Panamá queda en el 42, mejor que nosotros, y Costa Rica en el 54. En los 60 están Colombia y Perú; Uruguay y Guatemala en los 70; en los 80 Brasil y Honduras; Ecuador y República Dominicana andan en los 90; y más allá de la posición cien encontramos a Nicaragua, El Salvador y Argentina. Un continente muy poco competitivo, como se ve.

El indicador de competitividad se construye utilizando doce “pilares” (así les llaman), agrupados en tres conjuntos: requerimientos básicos, los pilares que incrementan la eficiencia, y los que tienen que ver con la innovación y sofisticación. México mejora de forma importante en el segundo conjunto, y un poco menos en el tercero. Nuestro problema
-no es noticia- son las instituciones. En los pilares que incrementan la eficiencia, mejoramos en la competitividad de nuestros mercados de bienes, laboral y financiero. En dos años mejoramos 16 lugares en el primero, 16 en el segundo y 18 en el tercero. En lo relativo al mercado de bienes, el avance es producto de más competencia económica y más inversión extranjera; en el mercado laboral, mejoras en contratación; y en lo financiero, acceso a créditos y marco legal. En los tres casos, ahí tiene usted el efecto de las reformas estructurales. En este mismo conjunto, hay un pilar en el que empeoramos: educación superior, aunque esa caída ocurrió entre 2012 y 2013, y parece tener que ver específicamente con capacitación, más que con educación.

En el tercer conjunto hay dos pilares: sofisticación de negocios e innovación. En el primero, mejoramos 13 posiciones en dos años, por cuestiones asociadas a cadena de valor y mercadotecnia, mientras que en el segundo avanzamos seis lugares, por un comportamiento mixto: mejora mucho la capacidad de innovación, mientras se hunde la colaboración empresa-universidad y la adquisición de tecnología por parte del gobierno.

Nuestro freno es el primer pilar, requerimientos básicos, que conjunta cuatro pilares: instituciones, infraestructura, estabilidad macroeconómica, y educación primaria y salud. Caemos ocho lugares en infraestructura en dos años, mientras que en estabilidad mejoramos dos, pero si comparamos este indicador con el 2009 o 2010, hemos caído más de 20 posiciones. En educación primaria y salud estamos más bien estancados, y caemos tres posiciones en dos años. Pero en instituciones caemos 14 posiciones, para ubicarnos en el lugar 116, de 138 países. En temas de corrupción rondamos el lugar 125; en aplicación de la ley en general, por el 110; en temas de inseguridad y crimen, por encima del 130. Debe quedar claro el problema.

El índice de competitividad tiene muchos asegunes metodológicos, pero creo que apunta muy bien lo que nos está pasando: mejora la base económica, seguimos muy mal en estado de derecho. Ahí es donde debemos concentrarnos.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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