Opinión

¿Competencia perfecta o monopolística?

23 agosto 2013 5:10

 
 
Aun cuando el título de esta columna parece demasiado técnico, los conceptos son muy útiles para todos aquellos que están decididos a instalar un negocio y esperan sostener sus gastos cotidianos del mismo.
 
 
Con frecuencia personas desempleadas o en búsqueda de mayores percepciones deciden disponen de su patrimonio para formar una empresa. Una pregunta crucial para ellos es cuál sería el ingreso esperado, y es ahí en donde resulta importante entender las características de la competencia perfecta y monopolística, porque podría ayudarlos a tener mayores utilidades.
 
 
La competencia perfecta es una estructura de mercado que implica la fácil entrada y salida de un negocio; además supone plena información para todos los consumidores y participantes. Esta simple descripción genera utilidades “bajas y estables”, porque en el momento en que se empiezan a obtener mayores ganancias, inmediatamente ingresan nuevos competidores, provocando una reducción en las mismas. Como también los consumidores tienen plena información, es fácil optar por el precio bajo, pues se trata de productos o servicios muy estándar.
 
 
En este concepto se enmarcan muchas microempresas mexicanas para las que es fácil entrar, salir y hay mucha información. Por tanto, “jamás” tendrán una utilidad alta.
 
 
Pongamos un ejemplo muy sencillo; alguien decide vender paletas fuera de su casa y obtiene sin mucho esfuerzo la concesión de alguna de las opciones del mercado. Le va bien y empieza a tener utilidades significativas. Ante esto, es muy probable que algunos vecinos deseen copiar el éxito haciendo lo mismo, la demanda se fragmenta y los ingresos bajan al mínimo. Probablemente algunos se desilusionen y salgan, hasta llegar a un grado en donde las ganancias sean bajas y estables.
 
 
Este tipo de mercado lo han absorbido grandes corporaciones; aprovechando su tamaño de escala sacan a todos los pequeños que son ineficientes para competir. Precisamente esto le ha sucedido a papelerías, abarrotes y ferreterías, entre otros.
 
 
Por ejemplo, las cadenas de tiendas de conveniencia que tienen bajos márgenes de utilidad por producto, obtienen su rentabilidad por el extenso número de establecimientos y porque prestan una infinidad de servicios adicionales. Con esto son capaces de disolver el costo fijo de operación y de logística.
 
 
Ahora bien, el reto para el microempresario es cambiar a un esquema de “competencia monopolística”, que significa hacer una diferenciación a su producto para que los consumidores, aunque tengan información, encuentren algo “único” y por tanto tenga la posibilidad de dar un precio mayor. Los clientes, por su parte, lo pagan porque aprecian el cambio ofrecido. Además, conlleva a una mayor lealtad y eso retiene a la clientela.
 
 
En estricto rigor, es como si un pequeño negocio “fabricara” su propio monopolio, en términos de percepción del cliente y separarse del resto, para tener la oportunidad de obtener una mayor ganancia.
 
 
Bajo un enfoque de mercadotecnia es dirigirse hacia un segmento o un nicho en el que pueda colocar su producto o servicio sin tanta competencia. Un punto fundamental es que el consumidor lo aprecie, porque si bien la creatividad genera diferenciación, regularmente le cuesta a la compañía.
 
 
Cuidado, regularmente escucho que se van a distinguir con calidad, atención y prontitud de servicio; sin embargo, estos atributos deben de ir de antemano en cualquier negocio y difícilmente son motivo de diferenciación.
 
 
En pocas palabras, si se quiere emprender con pocos recursos, se requiere de inventiva para buscar separarse del resto del mercado, porque ahí hay ganancias bajas y un mar de competidores.
 
De Seguimiento…
 
Para quienes les interese este tipo de temas, hay dos libros clásicos y al mismo tiempo con enfoques disímiles: Ventaja competitiva, de Michael Porter, y La estrategia del océano azul, de W. Chan Kim y Renée Mauborgne.
 
 
Es obligado leer ambos materiales, pues mientras en el océano azul se presenta la versión creativa de cómo generar valor sin desgastarse con la competencia “salvaje”, el material de Michael Porter es literalmente una lista de aspectos a analizar para enfrentar una relación más “agresiva”, y aporta un concepto de “rivalidad amplificada” en donde adicionalmente de los competidores en el sector, se introducen también el poder negociador de los clientes, proveedores, productos sustitutos y posibles entrantes.
 
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