Opinión

Cómo vivir en tiempos de volatilidad

 
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Especial volatilidad

Si usted hubiera contratado a mediados del año pasado una deuda de 100 mil dólares, digamos el 1 de junio de 2014, el valor en pesos de esa deuda hubiera sido de un millón 286 mil pesos. Ayer, esa misma deuda valdría (a precios del dólar mayoreo) un millón 563 mil pesos.

Sin otro efecto que el encarecimiento del dólar, usted debería 277 mil pesos más, el equivalente a un aumento de 21.5 por ciento.

Si hubiera sido un productor de petróleo, el mismo 1 de junio del año pasado, el precio de un barril de crudo tipo WTI hubiera estado en 104.73 dólares. Ayer se ubicó en 48.64 dólares por barril, 53 por ciento menos. Una enorme pérdida en sus ingresos.

Pero la volatilidad ha estado presente en muchas otras variables. El precio del maíz, por citar un caso cercano, cayó en 26.2 por ciento de mayo del año pasado al día de ayer. El precio del oro cayó en 13.3 por ciento de julio a la fecha.

En contraste, el índice Nasdaq llegó a principios de este mes a un máximo histórico y ha ganado 15 por ciento de junio del año pasado a la fecha.

Sin pretender ser exhaustivo, los ejemplos anteriores meramente reflejan el mundo de movimientos abruptos en las variables financieras, con el que hoy nos estamos enfrentando.

Hay que asumir que en la mayor parte de los casos, como país, no tenemos el control o éste es muy parcial.

Le pongo el obvio caso de los precios del petróleo. México es un tomador de precios, no importa lo que haga y estamos sujetos a lo que definan las estrategias de los árabes o de los empresarios de Estados Unidos.

Le pongo otro caso: el dólar. Hay varias maneras de compensar el encarecimiento de la moneda norteamericana, pero tienen costos.

Si la Comisión de Cambios anuncia que va a vender 500 millones de dólares cada vez que el dólar avance medio punto porcentual por día, quizá frene un poco la depreciación de nuestra moneda. Pero eso va a costar el uso de reservas y tendrá solo una eficiencia efímera.

Si el Banxico eleva las tasas de interés en medio punto porcentual, también se frenará parcialmente la depreciación, pero eso probablemente tendrá un efecto negativo en la actividad económica.

El mundo en el que las autoridades tenían el poder para fijar la paridad se acabó.

Y así como las autoridades tienen que estar atentas a qué herramientas usar o no usar, las empresas y las personas deben poner plena atención en lo que puedan o no hacer con esta volatilidad.

Si usted tiene elevadas deudas en dólares, busque la manera de salir de ellas. Si las tiene en pesos y a tasa fija, será afortunado. Si es exportador o pretende serlo, aproveche porque ahora es tiempo.

Si, como a Pemex, el precio de su producto se le desplomó en 50 por ciento, entonces no debe temblarle la mano para recortar gastos.

No hay recetas. Vivir en tiempos de volatilidad financiera es algo equivalente a caminar por la orilla de un barranco. Ojos bien abiertos y reflejos rápidos parecen ser los únicos principios generales.

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