Opinión

Cómo sabotear las elecciones, sin asegurar presidente en el intento

 
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HACKER

¿Violencia el día de las elecciones? No sería la primera vez que esto sucediera en México. ¿Compra de votos, turismo electoral? Probablemente sucede en todas las elecciones. ¿Robo de boletas? ¿Urnas robadas o embarazadas? Prácticas de novatos o mapaches ineptos. ¿Amenazar candidatos? Seguramente, pero hasta ahora esto no ha detenido a las elecciones.

¿Entonces, por qué tanta preocupación de lo que pueda suceder el año que entra?

Todo indica que la elección de 2018 probablemente serán una de las más difíciles y violentas, y las posibilidades de que algún partido o candidato trate de robarse los comicios con actos ilegales son altísimas. Pero las autoridades electorales y los equipos de campaña obviamente están a la expectativa y se preparan para estos escenarios.

En 2018 no habrá elecciones 'normales' con los retos tradicionales. No podemos asumir que para el 1 de diciembre de 2018 tendremos un mandatario electo que esté tomando protesta como el siguiente presidente de México, a pesar de que asumirá el poder con un porcentaje mínimo de votos.

Y es que el objetivo podría ser sabotear las elecciones, no para favorecer a un candidato, sino para desestabilizar el país. Y si no se toman los pasos necesarios, hay que considerar que incrementa dramáticamente la posibilidad de que diciembre del año que entra no se sepa quién es el siguiente presidente o presidenta de México.

Por eso es tan importante estudiar y entender como los hackers no sólo influyeron en los procesos electorales en Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania y otros países.

Esta semana, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Mike Pompeo, exmiembro del Congreso de Kansas con afiliación republicana, dijo que una evaluación de las agencias de inteligencia de Estados Unidos reveló que la interferencia de Rusia en la campaña electoral de 2016 no afectó el resultado de la elección presidencial.

Hubo una reacción inmediata de los organismos de inteligencia, ya que se publicó un comunicado aclarando que la CIA había llegado a esa conclusión. Pero en lo que sí están de acuerdo todos es en que el gobierno ruso tomó pasos específicos para influir en las elecciones.

De hecho, las investigaciones que está llevando a cabo el fiscal especial, Robert Müller, son para descifrar si hubo estadounidenses y personas dentro del equipo de campaña de Donald Trump que apoyaron a un gobierno extranjero para influir en el proceso electoral de 2016, donde fue electo el empresario.

Tal vez existió el vínculo, tal vez no. ¿La capacidad de interferencia de Rusia ayudó a elegir a Donald Trump? No se sabe. Pero lo que si es cierto es que el intento se hizo, no sólo en Estados Unidos, sino en otros países. Y gracias a la investigación periodística e información que se ha filtrado de la indagatoria del Departamento de Justicia, del Senado y Congreso estadounidenses, empieza a armarse el rompecabezas de cuál fue esta estrategia.

Y hay que decirlo, es brillantemente aterradora la efectividad y capacidad de influencia en la opinión pública, y probablemente de cómo vota un ciudadano en una democracia.

En este espacio no estamos señalando que el gobierno ruso, u otros gobiernos, intenten influir en las elecciones hackeando y usando las redes sociales. El problema es que el know how existe, y seguramente el mejor postor –ya sea un partido o un candidato– los buscará para asegurar victoria política. Pero este sería el escenario menos dañino para el país.

¿Y si las intenciones no son asegurar que gane o que pierda un candidato, sino desestabilizar al país para asegurar que un individuo no llegue a Los Pinos? Esto sería relativamente fácil con la estrategia y las herramientas usadas en procesos electorales en otros países.

¿Qué sucedería si se divulgaran emails comprometedores de los consejeros del INE? ¿Si WikiLeaks divulgara WhatsApp (mensajes de texto) de los directivos de campaña de todos los partidos, asegurando que entre estos mensajes se incluya textos ficticios que ayuden a crear zozobra en los equipos? ¿Y si algún ente extranjero comprara millonarios avisos en Facebook, Twitter y Google para movilizar protestas sociales y violencia semanas antes de las elecciones? ¿Qué pasaría si hackearan el PREP? ¿O la base de datos de mexicanos que viven en el extranjero? ¿O que se publicaran historias y reportajes ficticios en medios extranjeros? Todo esto ya sucedió en otros países, y no necesariamente con las intenciones de asegurar que ganara un candidato u otro.

El objetivo puede ser simplemente crear caos y desconfianza en el proceso y en la credibilidad del que resultara electo, con un impacto catastrófico en la economía. 

Opine usted: www.anamariasalazar.com

Twitter: @Amsalazar

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