Opinión

Cómo puede el sector público impulsar la recuperación

Se ha convertido en una verdad casi incontrovertible que la reforma fiscal es una de las causas del freno económico de los últimos meses.

La mayor parte de los contribuyentes ha sentido este año que hay que pagar más impuestos y por lo tanto, existen menos recursos en manos del sector privado, disponibles para gastar.

Las cifras son elocuentes. Los ingresos tributarios del sector público crecieron en 14.4 por ciento en términos reales en el primer trimestre del año.

Si alguna empresa hubiera aumentado en esa proporción sus ventas, habría hecho fiesta.

El incremento en el llamado sistema renta (ISR más IETU más IDE), que hoy es básicamente el ISR, tuvo un alza anual de 6.9 por ciento en términos reales en el periodo enero-marzo.

Pero el brinco mayor vino en el caso del IVA, sobre todo por la eliminación de la tasa especial en las fronteras. En este caso, el incremento del trimestre es de 17.1 por ciento anual en términos reales.

Pero, como le he comentado en varias ocasiones, hay otro lado de la moneda: los proveedores del sector público.

En el trimestre, el gasto neto pagado del gobierno y paraestatales creció en 13.2 por ciento en términos reales. En cifras absolutas, contra el mismo periodo del año anterior, el incremento es de 155 mil millones de pesos, que no es poca cosa.

El problema, como también le hemos comentado aquí, es que es diferente que Hacienda haya asignado ya los recursos, a que las dependencias hayan hecho uso de ellos para pagar a proveedores.

En las mesas en las que se sientan quienes venden bienes y servicios al sector público, el tema es recurrente: ¿y a ti ya te pagaron?

Esa es una pregunta que aparece una y otra vez.

El problema parece ser (porque hasta ahora no se ha hecho un diagnóstico adecuado del porqué las dependencias se han atrasado en ejercer el gasto a pesar de que los informes de Hacienda revelan que los recursos se han erogado) que quien ha tenido que hacerlo no ha sabido o no ha querido gastar.

Fuera del gasto operativo –principalmente el de nómina– para poder usar recursos como gasto de capital se requieren procedimientos en los que las dependencias han sido –al menos- omisas.

Más allá del problema de que el gasto debe hacerse efectivo, hay un fuerte contraste en materia fiscal entre 2013 y 2014.

En el primer trimestre del año pasado, teníamos un superávit de 40 mil 172 millones de pesos. Es decir, el gobierno tuvo ingresos superiores en ese monto respecto a lo que gastó. A marzo de este año, tenemos un déficit de 61 mil 921 millones, es decir, erogó esa cifra de recursos por encima de sus ingresos.

Esa heterodoxia fiscal es una buena señal. Si Luis Videgaray y su equipo siguieran con la ortodoxia del déficit cero, quizás la economía ya se hubiera derrumbado.

Falta, según muchos testimonios, que los funcionarios de todas las dependencias le pierdan el miedo a gastar y que sepan hacerlo.

Sólo si el gasto público fluye correctamente tendremos un sector público que se convierta en uno de los motores efectivos de la recuperación de la economía.

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