Opinión

Cómo PAN y PRI harán historia

En el plazo de dos a tres semanas, quizá la primera de agosto, las leyes secundarias de la reforma constitucional en materia de energía habrán sido votadas favorablemente por ambas cámaras en el Poder Legislativo.

Se habrá concretado un cambio constitucional y legal, que hará historia en México.

Hay que reconocer a dos grupos de personas en este cambio: por un lado, al equipo cercano al presidente Peña, que decidió hacer a un lado su propuesta y negociar con e; y a los senadores panistas, en particular al grupo que lidera Ernesto Cordero.

El domingo 11 de agosto de 2013, en Los Pinos, el presidente Enrique Peña presentó su propuesta de reforma energética. Implicaba la posibilidad de que Pemex desarrollara un esquema basado en la utilidad compartida para propiciar la inversión privada.

La reforma constitucional regresaba al texto aprobado en el sexenio de Lázaro Cárdenas.

El gobierno diseñó esta propuesta esperando contar con el respaldo del PAN y del PRD.

Los del sol azteca, temerosos de que López Obrador les comiera el mandado, no aceptaron el cambio que se diseñó para acordar con ellos.

Liberado el gobierno del compromiso con el PRD, negoció entonces con el PAN en noviembre una propuesta que iba mucho más allá del planteamiento del Ejecutivo y permitía un esquema de licencias en los contratos de Pemex.

La reforma constitucional fue aprobada con los votos del PRI y del PAN, y el decreto fue promulgado el 20 de diciembre del año pasado.

A la vuelta de los meses, el PAN cobró al PRI su respaldo para convertir esa reforma en leyes secundarias.

Se realizaron reformas en las reglas del juego de las elecciones locales, y se abrió la puerta al respaldo del PAN en las leyes secundarias.

Parece una paradoja, pero la reforma más relevante del sexenio –en la óptica de los inversionistas en el mundo– habrá sido propuesta por el PAN, que a su vez el PRD propició al rechazar negociar con el Ejecutivo en agosto del año pasado, y que al final de cuentas saldrá adelante con los votos del PRI y de la mayor parte de los legisladores del PAN.

El caso del PRD es desafortunado. Por el temor de que AMLO les vaya a quitar banderas, radicalizaron su posición y dejaron de ser una saludable influencia en las discusiones.

Ayer mismo, de plano decidieron abandonar la discusión en comisiones y los veremos a partir del jueves dando el triste espectáculo de alargar los debates en el Pleno del Senado, de manera cuasi infantil.

El PAN y el PRI no tendrán un beneficio electoral de la aprobación que ha comenzado ya.

No descarte que incluso les cueste votos. Por eso mismo, hay que reconocer que de manera excepcional los senadores de esos dos partidos se guardaron su interés inmediato y partidista, para dar luz verde al interés general del país.

Ojalá prenda el ejemplo y en los próximos meses veamos legisladores que piensan en México antes que en sus colores.

¿O sólo será para la reforma energética y se acabó?

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