Opinión

Como Fox: AMLO traidor a democracia


 

Acorralado por el peso de la ley ante su decisión arbitraria y personal de desacatar un amparo, López Obrador acusó en el 2005 a Vicente Fox de “traidor a la democracia”. Ahora vuelve a las andadas acusando a todos de traidores.

 


 

Sin embargo, los datos se acumulan para señalar al tabasqueño como un traidor a la democracia. Luego de haber militado en el PRI de Tabasco y servido durante años a esos intereses, en 1988 decidió pasarse al lado de la Corriente Democrática del PRI de Cárdenas pero no tardó mucho en traicionarlo en el 2000.

 

 

Desde 1988 López Obrador ha convertido la democracia en una bandera, pero definida por sus propios intereses: cuando gana procesos electorales, la democracia mexicana es fulgurante; cuando pierde, se dice víctima del fraude. Pero la realidad es que López Obrador es un dirigente social autocrático, políticamente convenenciero, tiránico porque no acepta opiniones en contra y esencialmente contrario a la democracia como el proceso de reconocimiento a la mayoría.

 

 

Dos veces fue candidato a gobernador de Tabasco y aceptó las reglas del juego, las dos veces perdió y las dos ocasiones organizó caminatas por la democracia para protestar los resultados. En el 2000 carecía de las condiciones que exigía la democracia en el DF en materia de residencia --su credencial de elector era de Tabasco y presentó una hoja sin membrete que lo hacía residente en Coyoacán-- y quebrando las reglas democráticas que los demás sí cumplieron arrancó su registro al presidente Zedillo.

 


 

En las elecciones capitalinas de 2000 ganó por menos de un  punto porcentual al PAN y de nueva cuenta amenazó con incendiar la capital de la república si le impedían llegar al poder. López Obrador pudo acumular 1.5 millones de votos con la ayuda del candidato presidencial perredista Cuauhtémoc Cárdenas; pero a quien le debe el tabasqueño los votos y el cargo fue a Rosario Robles, entonces jefa interina de gobierno, a la que luego persiguió implacablemente por venganza personal.

 


 

En el 2006 su candidato Marcelo Ebrard –impuesto por dedazo de López Obrador– ganó las elecciones en las mismas casillas en que se votó la candidatura presidencial de Calderón y alegó un fraude sólo en su contra. Y en el 2012 el candidato perredista Miguel Ángel Mancera acumuló 3 millones de votos y el tabasqueño sólo acreditó 1.5 millones de sufragios perredistas.

 

 

Y en el caso del desafuero en el que se probó legalmente la violación de un amparo, López Obrador agitó a las masas, llenó varias veces el Zócalo y encabezó manifestaciones amenazando con violentar las elecciones presidenciales; pero aun así, en las elecciones presidenciales no ganó en las urnas y tampoco logró doblar a las autoridades electorales con un plantón en el largo corredor zócalo-Periférico para anular las elecciones presidenciales y tuvo que levantar sus carpas vacías por la inminencia del Grito de septiembre de 2006 y el desfile de Independencia.

 

 

Si la democracia es un mecanismo procedimental de consulta a la sociedad, también es una forma de comportamiento político reglamentado por las leyes y no sometido a caracterizaciones caprichudas. Ahora López Obrador pretende echar abajo la iniciativa de reforma energética con casi 40 mil votos no comprobados legalmente emitidos por sus seguidores, el 0.2 por ciento de los 15 millones ganados el año pasado. De ese porcentaje es la democracia lopezobradorista.

 


 

Al negarse a cumplir con los mecanismos democráticos mayoritarios y desde su minoría amenazar cada tanto con la desestabilización callejera para impedir decisiones o imponer las suyas, López Obrador se merece un hashtag: como Fox, #AMLOtraidoralaDemocracia.

 

 

Recuento: hoy suman treinta y ocho días escolares sin clases por el paro de la CNTE. 

 

 

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