Opinión

¿Cómo construir una narrativa creíble?

 
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¿Cómo construir una narrativa creíble?

¿Qué debiera incluir una narrativa del gobierno para ser creíble y tener impacto entre la sociedad en un contexto de descrédito de los dichos de los gobernantes?

Algunos amigos me hicieron ayer esa pregunta tras leer el texto publicado en este espacio en el que nos preguntamos: ¿Contamos sólo lo malo?

Van algunas consideraciones, que sólo son apuntes para el debate.

1.– El tema de los resultados positivos no puede ser el gobierno, sino el país.

¿Quiere usted asegurar que lo que cuenta sea desechado por la mayoría de la sociedad? Hable de lo bien que lo está haciendo el gobierno. Es peor aún si empieza –como gustan de hacer muchos funcionarios– diciendo que “por instrucciones del presidente de la República”. ¿Quiere que por lo menos su narrativa sea considerada? Entonces hable de los méritos de la sociedad y olvídese del gobierno.

2.– El objetivo debe ser el largo plazo.

De hecho, así se plantearon en un principio las reformas estructurales que se emprendieron. Pero luego hubo urgencia de presumir resultados de manera inmediata. Hay que transmitir que la visión de quienes han impulsado las reformas es mejorar las condiciones de vida de la gente en el largo plazo, asegurando que nuestros hijos vivan mejor que nosotros. Cuando se le pone el foco a lo inmediato –al margen de los resultados– hay la percepción de que el objetivo es propagandístico y electoral y la credibilidad allí acabó. Se debe ver el bosque y no el buen árbol con el que nos topamos.

3.– Deben hacerse explícitas las incertidumbres que encierra el futuro.

Las decisiones de políticas públicas se deben tomar con base en la mejor información disponible. Pero, el futuro es incierto. Si gana Trump la elección de noviembre o si la economía de Estados Unidos vuelve a frenar, el mundo será otro. Hay que advertir respecto al mundo incierto y cómo nos puede afectar.

4.– No debe haber exaltación de logros sino ponderación.

Hay una tendencia a ponerle fanfarrias a los resultados favorables que puede presumir el gobierno. Cuando este estilo se hace costumbre, las trompetas hartan. Si se plantean de modo equilibrado, ponderando justamente las razones de ellos, se vuelven más creíbles. Por ejemplo, se han creado más empleos formales que nunca en la historia, pero el empleo informal sigue en más de 52 por ciento. Son las dos caras del hecho.

5.– Hay que reconocer los méritos de quienes gobernaron en el pasado.

Existe la tendencia a pretender que el país se construyó en este sexenio, cuando hay muchas instituciones y resultados que se han gestado con anterioridad. Quizás el mejor ejemplo es la estabilidad financiera. Se trata de un logro obtenido en los últimos 20 años aproximadamente. Reconocer los méritos de otros conduce a que los otros puedan reconocer los méritos de uno.

6.– Hay que aceptar errores.

Esa es una parte crucial de la narrativa. Si uno admite haberse equivocado y enmienda, genera una actitud positiva en quien lo lee o lo escucha. Claro que no es para hacerlo todos los días, pero es crucial admitir los errores cuando ocurren y tienen trascendencia. Pretender no haberlos cometido es el camino para el descrédito.

Bueno, pues todo lo anterior no es suficiente, pero es una buena manera de empezar a discutir cómo construir una narrativa creíble.

Twitter: @E_Q_

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