Opinión

Como al principio

 
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Manlio Fabio Beltrones (PRI)

Uno. Podría tomarse a chunga el escenario político mexicano, a un año del centenario de la Constitución Política de 1917, la Revolución hecha Ley Suprema; y en medio de un cotarro en efervescencia electoral y un manoseo descarado a la anti-corrupción.

Dos. “Zombis” Fox, Calderón, Creel, Beltrones, López Obrador (solo faltaron Echeverría, Salinas y Zedillo). Los susodichos al frente una turba ojerosa, demacrada, en andrajos marca Hugo Boss, Imperio Armani, Brooks Bross, Robert’s.

Tres. Sin embargo, hacerlo así sería una salida demasiado fácil, regalada diría a causa de los desfiguros y discursos. Y nos haría perder la perspectiva histórica. Porque estamos como al principio.

Cuatro. En 1929 se funda el Partido Nacional Revolucionario (PNR), al que le nacen el PRM y el PRI. Partido brazo político de una de las primeras revoluciones sociales del siglo XX; y método para encauzar la lucha (a muerte) de las facciones. Personal, pues, se supone, revolucionario, bronco, con ideales populares, agrarios, obreros.

Cinco. Diez años después, reacción tardía pero reacción a fin de cuentas, se funda el Partido Acción Nacional (PAN), en no poca medida precedido por la Guerra Cristera y el Sinarquismo. Agrupación, se supone, de mexicanos decentes, “clasemedieros”, creyentes, profesionistas, urbanos, desvelados por el “bien común.”

Seis. De las crisis al interior del PRI, llámese jaloneo por la sucesión presidencial, nacen la Corriente Crítica, parte del PSUM, el PRD, el PT, Nueva Alianza, Movimiento Ciudadano. De bisagra: el PARM. Por su parte, al PAN le brota un neo-panismo mezcla de tecnócratas (que también los hay azules), oportunistas, empresarios en quiebra, logreros, pragmáticos, buenos para el “moche”.

Siete. Y así estamos en 2016, como al comienzo. PRM (hoy PRI) y PAN se vuelven a ver las caras. En teoría, lo popular y la clase media, la revolución social y la polis ilustrada. No importa que uno y otro partidos sean pálidas sombras de lo que en el origen fueron. Huérfano voluntario, el PRI parece nacido de la nada. En el PAN se han descolgado los retratos de los padres fundadores.

Ocho. Nudo que no rompen: ni la versión chafa del “Breaking dead”, ni el consuelo de muchos que ocupa a las dirigencias, incluido el ramal PRD, después de las elecciones del pasado 5 de junio.

Nueve. PRI: que quién perdió en realidad es el PRD. PRD: que sin su contribución el PAN no hubiera arrasado como arrasó. PRI: que no hay que colgarle la derrota ni a las iniciativas “progres” del Ejecutivo Federal ni a su líder nacional (el primero en caída sin asideros de popularidad, el segundo revisando sus cuentas alegres).

Diez. Y el PRD respecto a las elecciones capitalina de un Constituyente que no lo, en un Distrito Federal desaparecido pero todavía sede de los Poderes Federales: que no es grave, ni inaceptable, que se haya abstenido de votar el 71.5 % del electorado (¿grave, inaceptable, que la cifra hubiera alcanzado el 100%?).

Once. Lo cierto, la “neta” como se decía en los 60’s, es que, eso sí con grandes presupuestos, y no uno sino dos árbitros que no terminan de leer su respectivo reglamento, en el ring solo truenan los chicharrones de un PRI en franco estado jubilatorio y un PAN caiga quien caiga. En los vestidores, mohosas, las ideologías fundadoras. ¿O una revolución para acabar administrado bienes nacionales con fines privados? ¿O una civilidad para entrar a saco el erario público?

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