Opinión

Clonación en Bansefi,
la pregunta del medio millón

   
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Tarjetas que fueron clonadas. (Tomada de Facebook de Presidencia)

Virgilio Andrade, que hace pininos como banquero, fue el martes a interponer una denuncia ante la Procuraduría General de la República (PGR).

El director del Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros (Bansefi) quiere que la Unidad Especializada en Investigación de Delitos Fiscales y Financieros dé con los autores de la clonación de 57 tarjetas de débito entregadas a damnificados de los sismos. El monto de lo robado en esas clonaciones asciende a medio millón de pesos.

El boletín emitido el martes por Bansefi señala que la clonación es una “actividad constitutiva de delitos fiscales y financieros que ha generado daño patrimonial al Banco”.

Andrade explicó ese día a la prensa que a los damnificados de los sismos del 19 de septiembre (las clonaciones las padecieron víctimas del temblor del día 7 que afectó, sobre todo, a Chiapas y Oaxaca) se les darán en cambio tarjetas con chip a fin de evitar que les sustraigan fondos.

Hay algo que no cuadra en esto de que haya tarjetas de banda magnética y que ahora se anuncie que a los damnificados del segundo terremoto de septiembre se les darán tarjetas con chip.

Lo que no cuadra es por qué Bansefi le dio a los damnificados tarjetas de banda magnética cuando es una tecnología altamente susceptible a clonación, y que por lo mismo el sistema bancario mexicano ha desplazado desde 2013.

De hecho en 2003, hace ya casi quince años, la hoy Asociación de Bancos de México arrancó un programa piloto a fin de introducir tarjetas con chip, en un esfuerzo que pretendía aminorar los fraudes. (https://goo.gl/T9h9Aj).

Después, en junio de 2012, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores y el Banco de México “dispusieron que todas las instituciones financieras de México tengan como fecha límite el mes de diciembre de 2013 para cambiar sus plásticos de banda magnética por unos de chip, ya que el chip garantiza la seguridad de los datos del tarjetahabiente”. Ello incluía, por supuesto, la debida adecuación en los puntos de venta de los lectores de tarjetas. Por entonces se calculaba que la banca perdía 800 millones de pesos anuales por fraudes en tarjetas.

Esas disposiciones, y aquí llegamos al meollo del asunto, no prohibían la emisión de plásticos con banda magnética, pero sí establecían que “las instituciones financieras que no cumplan con estos parámetros a tiempo, deberán absorber el quebranto ante un fraude y abonar las transacciones que el cliente no reconozca”. (https://goo.gl/s5LJdu).

La pregunta obligada es por qué Bansefi decidió que las tarjetas (¿todas?) para los damnificados de Chiapas y Oaxaca fueran con una tecnología que no sólo es insegura sino que obliga al banco emisor a asumir las pérdidas que eventualmente ocurran. Dicho eso, ya veremos si la PGR (acéfala como está) puede dar con los responsables de estos fraudes, pero el responsable de que esos presuntos delincuentes no la tuvieran nada difícil es, en primer lugar, Bansefi. Y ahora el daño por los robos, de saque, lo tiene que asumir la dependencia encabezada (es un decir) por Andrade.

De forma tal que cuando en su boletín Bansefi presume que “el Banco ha atendido y reembolsado de manera oportuna y en los tiempos que marca la norma bancaria” lo robado a los damnificados, lo que no dice es que no le quedaba de otra, porque si usas banda magnética eso es lo que te toca sí o sí.

¿Por qué no dieron tarjetas de chip y recurrieron a una tecnología vulnerable? Esa es la pregunta del medio millón.

Twitter: @SalCamarena

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