Opinión

Claridad

    
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Introspección. Shutterstock

Hay una gran diferencia entre hacer las cosas porque otros esperan, exigen, suplican o nos obligan a que las hagamos y hacerlas porque eso decidimos desde lo profundo del yo.

En terapia funciona exactamente así. Algunos pacientes llegan con la claridad de saber que juegan un papel central y activo en el cambio de conducta y en el desarrollo de su personalidad. Claro que también hay exploradores que vienen por curiosidad, quizá por una opinión clínica sobre lo que les está ocurriendo y sin un claro deseo de cambio. También es válido iniciar así una terapia, aunque el camino será bastante más largo.

Todas estas reflexiones las ha motivado uno de mis pacientes, que apenas hace 12 semanas llegó a consultarme porque logró anticipar una crisis que estaba por llegar, ocasionada por cambios laborales, de pareja y de salud de uno de los miembros de su familia. Lo interesante de este caso es que el paciente no esperó a sentirse desbordado e incapaz frente a los problemas y eligió un camino que ya en el pasado había funcionado: la terapia.

Él decidió cuántas sesiones podía pagar y quería tener. Acepté trabajar así porque tenía claro lo que deseaba conversar, quería escuchar mi opinión sobre sus alternativas y después tomar sus propias decisiones.

Llegó puntual siempre, jamás faltó a ninguna sesión, retomaba el hilo de lo último conversado y su narración incluía casi cualquier cosa que le viniera a la mente, pero estaba tejida de un gran conocimiento de sí mismo: su historia, sus zonas de trauma, el pasado, el presente, sus deseos para el futuro; los obstáculos que en otros momentos habían impedido que se sintiera contento; las trampas que se puso para perpetrar cierta inestabilidad emocional y laboral. Mis intervenciones fueron limitadas: algunas preguntas, reflexiones cortas, pocas recomendaciones, unas cuantas opiniones. Todas las escuchó con atención e integró las que le servían a su propio discurso. Si mi percepción no le parecía atinada, lo expresó siempre con sinceridad y cuando di en el clavo, también lo dijo. Creo que solo una vez me pidió un consejo concreto, pero usó el resto de las sesiones para casi pensar en voz alta conmigo como testigo.

De ningún modo espero que todos los pacientes se comporten así, pero lo que puede aprenderse de este hombre es su claridad sobre el protagonismo que tiene en su propia vida.

La gente que nunca ha ido a terapia tiende a explorar menos su mundo interior, que experimenta como una nebulosa de recuerdos y personajes que se volvieron habitantes de la mente y en referencias sobre lo que es válido desear y lograr. Se les llama introyectos a los pensamientos aprendidos y estereotipados de los que cuesta mucho alejarse.

Tener la voluntad de reconocer y resolver problemas específicos no es tan común cuando uno jamás ha ido a terapia, pero incluso muchos de los que llegan a consulta creen que la terapia va a cambiarlos. Aunque parezca una obviedad, aceptar que somos la causa de buena parte de nuestros problemas duele y también es el inicio de la responsabilidad y el cambio.

Algunos llegan a terapia presionados por factores externos, como los niños y los adolescentes. Otros porque se sienten culpables y esperan el reconocimiento externo por sus ganas de cambiar. Otros vienen porque tienen una motivación interna de cambiar y creen que la terapia puede ser un camino. Porqué queremos cambiar es algo que siempre deberíamos preguntarnos.

Con terapia o sin ella, nos conviene a todos ser más conscientes de nuestras emociones y de nuestros impulsos para mejor administrarlos. Más abiertos y receptivos a lo que está ocurriendo sin tener que negarlo o evadirlo. Más claros sobre las creencias aprendidas desde niños, sobre nuestras experiencias dolorosas que casi todos hemos bloqueado para sufrir menos. Más cercanos a nuestras necesidades básicas, que casi siempre están lejos de lo que nos enseñaron, de lo que el pequeño y el gran mundo que nos rodea espera de nosotros.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa, así como conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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