Opinión

Ciudadanos de primera y de segunda

Recién se publicaron los resultados de una encuesta que revelan la paulatina decepción de los ciudadanos con su gobierno, tanto con el de la ciudad, como con las autoridades federales, aunque, dicho sea de paso, la aceptación del presidente tiende a aumentar. Los motivos no son para menos, ya que aparte del problema de que los salarios son muy bajos, en general, debido a la baja productividad y su nulo crecimiento, la inflación, especialmente en los rubros de alimentos, registrada el año pasado y en lo que va del presente y que todos los empresarios le han achacado a la reforma fiscal, sin más, tienen ligeramente decepcionada a la gente. A esto hay que sumar la mala calidad de los servicios públicos, desde los aspectos sutiles como la seguridad y administración de justicia, hasta las cosas aberrantes, como la calidad de la educación y de los servicios de salud. En este último rubro, hasta hace poco se informaba cada semana de mujeres que habían dado a luz en el jardín, el estacionamiento, el coche, o en las afueras de los hospitales, porque no había espacio, especialistas, o porque simplemente les era negado el servicio.

También nos enteramos a través del censo de escuelas, del pésimo equipamiento de las escuelas públicas y de los problemas que hay para otorgar materiales como servicios de internet, o computadoras, agua potable, sanitarios y drenaje, así como la cantidad de aviadores y otras alimañas que pululan en casi cualquier organización burocrática. Sobre la calidad de la educación nos ha dicho mucho la encuesta que aplica la OCDE y otra que utilizaba el gobierno, para decirnos cómo nuestros estudiantes estaban en los últimos lugares en casi todo lo medible y que egresaban como verdaderos analfabetas funcionales. De la ciudad poco hay que añadir, excepto que tenemos un servicio de transporte público pésimo, eso sí, presumimos que es subsidiado, pero es pésimo, de las vialidades y la calidad del pavimento, del problema del agua, la basura, el drenaje, los semáforos y los espacios públicos y para colmo, gracias al problema de la inseguridad, hasta los centros comerciales, que se estaban convirtiendo en los sitios favoritos para que las familias pasearan, ahora son asaltadas con bastante frecuencia.

En este marco se anuncia que el premio Nobel de literatura que radica en México desde hace un tiempo fue internado en uno de los hospitales que son orgullo nacional, por la calidad de sus especialistas, equipamiento y servicios, lo cual no deja de ser bueno para el país, aunque la primera pregunta que les viene a la mente a algunas suspicaces personas, como quien esto escribe, es si el señor laureado paga sus cuotas de seguridad social, si tiene su credencial de derechohabiente en orden, o si le fueron o serán cobrados los servicios y la atención que recibió. Basta pararse en algún hospital privado para ver que no estamos hablando de cifras que pasen desapercibidas y basta escuchar las quejas de verdaderos derechohabientes, que tienen que esperar meses para ser atendidos en unidades especializadas, o por alguna intervención quirúrgica y ni qué decir de aquellos, que aún pagando, se les niegan los servicios por no tener en orden su credencial, o por carecer de ella. Sería bueno tener algunas respuestas a estas preguntas.

Correo: rodartemario@hotmail.com