Opinión

Ciudad Peña

Gil siguió en vivo y a todo color (así se decía antes) la presentación en sociedad del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. ¿Escribió Gamés aeropuerto? Por Dios, se trata de una ciudad, así como hay una ciudad Gótica, ahora habrá una Ciudad Peña. ¿Han visto la representación gráfica de un cromosoma y de un peyote? Pues bien, como decía el poeta, en esos dos símbolos se cifra el proyecto del aeropuerto de la Ciudad de México.

Aquello era el acabose, los arquitectos elegidos, los secretarios, la locura de las maquetas, el futuro a nuestros pies, los suelos firmes y duros (no empiecen), de las pirámides a la actualidad, la gran cosa. Gil pescó al aire cifras escalofriantes: 9 mil millones de dólares, 120 millones de pasajeros. La recuperación ambiental llegará al grado en que habrá bosques, oyó usted bien: bosques. Como en Beijing, como en Hong Kong, como en la eternidad, este aeropuerto crispará a la esperanza. Aigoeeeei. Gil quiere vivir en un hangar de ese aeropuerto, un pequeño lugar con unas cobijas para observar la llegada del porvenir, unas cobijas y una vela para que nadie sospeche de su origen, un hombre pobre que podría convertirse en ese espacio en un adinerado homo aeropuertus.

Sorpresa

Ahora mal: el trabajo del equipo del presidente Peña Nieto vuelve a sorprender a propios y ajenos. En su periódico El Financiero Gil leyó en la primera plana la noticia de Ciudad Peña, o sea el nuevo aeropuerto, pero diantres, dos días antes de que se diera a conocer. Calladitos, compraron terrenos, licitaron (¿se licita una obra de esa magnitud?). ¿Cómo ven a Gilga como un hombre de izquierdas? De izquierdas clásicas, de ésas que impugnan las pistas de aterrizaje, los aviones y esas cosas burguesas. Na. La verdad sea dicha, el trabajo silente (gran palabra), la labor política, la construcción del proyecto, el tiempo perfecto, no seamos roñosos: chapeau!

Gamés lo vio en vivo: la plana mayor (así se decía antes) frente a Sir no sé qué rayos explicando algo incomprensible frente al cromosoma y el peyote. Que será un aeropuerto tan amable que las personas querrán vivir en él. Anticutimano, manita de mano, Gil ya escogió hangar, Lufthansa. La verdad sea dicha (fórmula original), Miguel Ángel Mancera acompañó al Presidente, así como se oye, acompañó, en el mejor sentido de la palabra, estuvo presente en el acto con casi perfecta calificación para un político mexicano. ¿No le creen a Gamés? Ahí estaba el Jefe de Gobierno de la ciudad, un poco a la francesa, a un lado del presidente en un anuncio central para la Ciudad de México. Ya, no avienten jitomatazos al pobre Gil.

Maqueta

La maqueta del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México le quitó el resuello a Gamés. Unos bloques, unas líneas, unos avioncitos, unos hangares. Gil no sabe mentir. Esto que ven aquí son unos avioncitos a punto del despegue, estos otros son unos avioncitos estacionados en espera del futuro, que siempre llega, por cierto. Esto que ve usted Presidente, no es una pirámide prehispánica, sino la torre de control; esto otro, cerca del peyote que proponemos como un bosque, adivine, un oasis, un remanso donde las garzas convivirán con los pulpos, como usted quiera, el caso es que ese lugar será el paraíso.

Gil ha ordenado una maqueta del amplísimo estudio. Sir no sé qué rayos ha realizado estudios del suelo y el subsuelo del amplísimo. Si no se toman cartas en el asunto, el amplísimo estudio terminará en el sótano. Oh, no. Eso afirman los ingenieros de sir no sé qué rayos, no hay amplísimo estudio si no se compran los terrenos contiguos a la casa de usted. ¿Cómo la ven? Sin albur. ¿Les interesa una maqueta de su vida?, Gil gestiona esas cosas, marquen con confianza.

La máxima de Chesterton espetó dentro del ático de las frases célebres: “Los ángeles pueden volar porque se toman a sí mismos a la ligera”.


Gil s’en va