Opinión

Ciudad de México

   
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Sismo CDMX

La cicatriz se vuelve fractura. Salimos a toda prisa del edificio por escaleras que se movían. En la calle alguien grita que los cables de luz se pueden caer. Nos alejamos de ahí y a los pocos pasos nos envuelve el polvo de un edificio derrumbado. Lo respiramos a fondo. Vemos que la gente se dirige hacia donde estamos parados. Corran, huele mucho a gas, alcanzo a escuchar. Corremos. ¿Hacia dónde? No importa, en todos lados huele a gas. Nos paramos en un lugar que se siente seguro. Un camión gira en sentido contrario y se lleva los cables. Estamos atrapados en nuestro propio vecindario, en toda la colonia. La misma en donde me tocó el terremoto hace 32 años, la Condesa. Estaba en la preparatoria en ese entonces, tenía 17 años, ahora 49.

La solidaridad se vuelve esperanza. No es mito. En 1985, como ahora, la gente salió a ayudar. No estaba organizada en aquél año, pero improvisó bien. Tampoco parecía organizada ahora, pero improvisó mejor. Ayuda la conciencia de una mejor preparación, ayudan las nuevas tecnologías de información, pero lo que más ayuda es el sentido de solidaridad, ese rasgo que se esconde mucho tiempo pero que surge en emergencias. La ayuda se siente. Se forman cadenas humanas. Es una ciudad fuerte, la hacen así sus ciudadanos, no sus edificios.

La voluntad se vuelve trabajo. Mucha gente ofreció su mano, lo que pueda hacer, lo que sea humanamente posible. En esta ciudad las desgracias no son de unos, son de todos. ¿Por qué hacer trabajo voluntario? La Encuesta Nacional sobre Filantropía y Sociedad Civil (ENAFI) reveló en 2005 y en 2008 que más de la mitad de la gente que hace trabajo voluntario, sin paga, lo ve como una oportunidad para retribuir, para dar algo de vuelta a la comunidad, para sentirse útil, incluso para conocer a otros. Eso es a nivel nacional. En la ciudad, en estos momentos de emergencia, el trabajo voluntario se multiplica, rebasa incluso a la necesidad. Hubo superávit de capital social.

Hombro con hombro. La ENAFI indica que solamente una porción de 4.0 por ciento dice que hace trabajo voluntario porque el gobierno no hace nada. Sí, hay quejas, debe haberlas, pero la presencia del gobierno y de las instituciones se vio el 19 de septiembre. Aplaudidos desde su llegada, militares del Plan DNIII y miembros de la Marina estuvieron ahí, hombres y mujeres de uniforme. La perrita Frida ayudó a salvar vidas, y su imagen sirvió también para inspirarlas. Quienes vivimos en la zona Condesa-Roma sabemos que la mayoría de los perros no son mascotas, son familia. Frida, la perrita rescatista, no es civil, es militar, es parte de las instituciones. Nuestras instituciones.

Interconectados. Las redes sociales circularon muchos rumores, noticias falsas o viejas, se divulgaron temores innecesarios y rencillas fuera de lugar. Pero fueron instrumentos invaluables para coordinarnos en tiempos de emergencia. En 1985, todo eso habría sido ciencia ficción. La comunicación no fue perfecta ahora, sobre todo el mismo día, pero fue formidable. La necesidad y la ayuda se interconectaron de inmediato. Se pudieron seguir las actualizaciones de vecinos, de voluntarios, de amigos en chats incansables. El mundo se enteró en tiempo real, no solamente por los medios, que estuvieron ahí, sino por los reportes de cada teléfono en la mano de cada persona. Nuestros llamados millenials se volvieron fuerza con tecnología y voluntad. Qué más se puede pedir. Si en la Primavera Árabe las nuevas tecnologías estuvieron presentes en el derrumbamiento de regímenes, ahora, en este 19 de septiembre mexicano, ayudaron a la ciudadanía a permanecer de pie y tender la mano.

De menos a más. Hay pérdidas lamentables que varían en intensidad. A alguien o algo no lo volveremos a ver. La reconstrucción será material y psicológica, llevará tiempo. Al ver a sus ciudadanos en acción, siento optimismo de que esta ciudad seguirá siendo un gran lugar. Después de este 19 de septiembre, quienes aquí vivimos, veremos héroes anónimos en nuestras calles. No es necesario saber lo que hicieron, se les verá en la sonrisa de satisfacción y orgullo. Eso ya hace a esta ciudad un lugar mejor.

Twitter: @almorenoal

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