Opinión

Cinco vertientes estratégicas de acción
de México frente a
su encrucijada

 
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ME TLCAN. (Especial)

A tres semanas de la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos, sus peores amenazas verbales a México están cristalizándose a través de decretos y acuerdos presidenciales.

La entrevista telefónica Trump-Peña Nieto y la conferencia de prensa del domingo antes del Supertazón, cualesquiera que hayan sido los términos exactos de la conversación sobre el desafío del crimen organizado en México y la disposición de Trump de rescatarnos para asegurar la seguridad de nuestras fronteras, nos han dejado alarmados y han traído de regreso escalofríos pasados de presencia americana en nuestro territorio que creímos haber sepultado a través de varias décadas de acercamiento y cooperación entre vecinos, cada vez más interdependientes, pero con todas las asimetrías que han acompañado la historia de nuestros países.

Lamentablemente, gobierno y sociedad de México no han estado en esta encrucijada a la altura del desafío político y económico. Ha prevalecido la idea de que lo que nos conviene –dados nuestros contrastantes niveles económicos y militares y capacidades relativas de negociación– es la estrategia de la prudencia y la paciencia, en espera de que las locuras psicópatas y el narcisismo del Trump desaparezcan o disminuyan por cansancio o por contrapesos provenientes de las instituciones, el régimen de derecho, los intereses económicos de empresarios de Estados Unidos y la sociedad americana de buena fe. Tengo dudas serias de esa estrategia.

Se ha optado, por otro lado, por armar una serie de medidas defensivas como una estrategia para negociar básicamente la continuidad del TLCAN, incluyendo la disposición de incorporar unilateralmente la energía y otros temas, que hasta ahora no estaban comprendidos en nuestros acuerdos, para ver si así logramos cambiar la opinión de nuestro vecino del norte.

Bienvenidas las declaraciones sobre la defensa de nuestra soberanía y la decisión de Peña Nieto de no acudir a Washington a reunirse con Trump, tras de sus portazos –decretos sobre la construcción del muro, la intención de imponer impuestos de 20 por ciento a las importaciones de productos mexicanos y las medidas contra migrantes mexicanos–. En hora buena también la decisión de establecer un paquete de apoyo fiscal a las Pymes mediante depreciación acelerada de inversiones, de establecer un estímulo a la repatriación de capitales (que no está muy clara todavía) y de promover, por primera vez en varias décadas, lo hecho en México.

Sin embargo somos muchos los ciudadanos que consideramos que el agravio que hemos sufrido merecería para comenzar una disculpa de Trump y por parte de nuestra nación una estrategia no sólo defensiva, sino afirmativa dentro de cinco vertientes fundamentales:

1ª Conformar un paquete de medidas urgentes para enfrentar y combatir los efectos de las disposiciones y medidas que está adoptando día a día el gobierno de Trump en materia económica, migratoria, de seguridad que afecten a nuestro país y a los mexicanos indocumentados en territorio estadounidense.

2ª Diseñar e implementar una estrategia de desarrollo nacional de corto y mediano plazos que reduzca y revierta, hasta donde sea posible, la vulnerabilidad derivada del agotado modelo económico y social de las últimas tres décadas, que ha traído como consecuencia estancamiento económico, excesiva dependencia de las exportaciones de Estados Unidos y de unos cuantos sectores de actividad, baja productividad y capacidad de innovación propia, cierre de muchas empresas de capital mexicano y fuentes de trabajo rural, subdesarrollo del mercado interno, empleo precario y salarios deprimidos, persistencia de la pobreza y de una injusta distribución del ingreso.

No se trata de mantener el TLCAN actual y los beneficios para unos cuantos derivados de una trunca estrategia basada en las exportaciones y la inversión extranjera. Urge aprovechar, con políticas apropiadas y visión de largo plazo, el potencial humano y de recursos naturales, la posición geoestratégica de México y un mercado de 120 millones de habitantes, potenciales consumidores, para sustituir importaciones y exportar a nuevos mercados.

Para ello urgen políticas industriales, agropecuarias y de servicios que generen inversiones, empleos bien remunerados y valor agregado nacional a través de la innovación y la creatividad; acompañadas de un régimen fiscal estimulante y de financiamientos de largo plazo y capital de riesgo de la banca comercial y la banca de desarrollo, como los existentes en países exitosos. El mercado interno, lo “hecho en México” y la inversión de capital mexicano tienen que recuperar el rol que les corresponde dentro de una sana estrategia nacional de desarrollo.

3ª Definir en el corto plazo diversas líneas de acción que nos permitan negociar en los mejores términos posibles en el ámbito federal, pero también promover alianzas con gobiernos estatales y alcaldías, senadores y congresistas, organismos de la sociedad civil, sindicatos, instituciones académicas y actores empresariales clave de Estados Unidos, con los cuales podamos desarrollar intereses e iniciativas comunes.

4ª Diversificar en el corto y largo plazos relaciones políticas, económicas, comerciales y culturales hacia otros países, particularmente aquellos de peso político y económico global, con los que tengamos coincidencias y complementariedades en América Latina y el Caribe, Asia, Europa y África. China es clave. La dependencia de Estados Unidos nunca será positiva, menos aun cuando se comporten de manera proteccionista y agresiva, como podremos preverlo cuando menos en los próximos cuatro años.

5ª México debe adoptar una estrategia regional y global activa en los organismos multilaterales en defensa del interés nacional.

En primera instancia debe buscar el apoyo de los organismos mesoamericanos y latinoamericanos como CELAC –donde se extrañó recientemente la ausencia mexicana de alto nivel en esta hora crítica–considerando que muchos de los agravios y amenazas se estarán extendiendo más allá de nuestras fronteras del norte, que son también las de Latinoamérica con Estados Unidos.

Además de las declaraciones de los presidentes de Venezuela, Bolivia y Ecuador ante el anuncio del muro, habría que destacar los comentarios recientes a El País de Ricardo Lagos, expresidente de Chile: ("¿Cómo es posible que América Latina no diga ´todos somos mexicanos frente a Trump´?”) y de Susana Malcorra, canciller argentina: (“Latinoamérica no es más dura con Trump porque México no lo pide”).

Igualmente importante sería que México llevara su agravio y reclamo de apoyo y condena del muro y de otras medidas antimigrantes, discriminatorias y violatorias de derechos humanos –y obviamente las comerciales– ante la ONU, la OMC, el FMI y otros organismos internacionales en que participa, denunciando los efectos disruptivos que está provocando Trump en violación a los tratados existentes.

Son muchos los países agraviados por Trump. Nunca antes un presidente había logrado ganarse tantos enemigos, en tan corto tiempo. El mismo Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, lo definió la semana pasada como una “amenaza externa a la que se enfrenta la Unión Europea”.

México debe buscar la solidaridad internacional y la reparación de cualquier daño con una estrategia multilateral bien pensada, fundamentada y motivada jurídicamente. Tendría un gran eco y nos permitiría recuperar algo de la dignidad perdida. Pero para ello nuestro gobierno necesitaría lograr primero la unidad nacional en torno a una estrategia y a un liderazgo con credibilidad política y moral. He ahí el gran desafío.

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