Opinión

Cinco reflexiones para un mes de desastres

 
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Labores de rescate tras el sismo. (Cuartoscuro)

A seis días del 19 de septiembre, las implicaciones y consecuencias de los sismos que azotaron al país en este mes, son múltiples. Va una breve revisión de algunas de ellas.

1.- Hay un antes y un después para la sociedad mexicana.

No se trata de que antes el sonido de la alerta sísmica provocara casi indiferencia y ahora genere pánico. No se trata de que muchos de esta generación no hubieran sentido nunca un sismo como el de la semana pasada. Se trata, sobre todo, de que –como sociedad– descubrimos que tenemos cualidades de las que ya nos habíamos olvidado. No somos un país de egoístas ni estamos, cada uno, encerrados en nuestra vida cotidiana. No pesan las diferencias que tenemos como para que no podamos hacernos uno cuando se requiere. Tras el dolor y la emergencia, vendrá una normalidad que ya no será la misma, tras redescubrirnos.

2.- La reconstrucción será más difícil que la emergencia.

En la emergencia brotan manos, ayuda, solidaridad. En la reconstrucción, sólo quedan nuestros arreglos institucionales, los que tenemos y los que podamos construir. Será más fácil –pese a que es lo más impresionante y lo más visible– que se reconstruya el daño en la Ciudad de México. Habrá más interés y más recursos.

Lo más complejo será conseguir que las decenas de miles de viviendas afectadas en Oaxaca, Chiapas y Morelos se vuelvan a edificar y ahora lo hagan mejor. Será un proceso que deberá atenderse con empeño si no queremos que la desigualdad en el país dé un salto.

3.- El populismo germina en las tragedias.

Las propuestas para cancelar el financiamiento público a los partidos políticos recibieron aplauso unánime ante el reconocimiento de la tragedia y el descrédito de los partidos. Pero si en las próximas semanas se legislara para quitar ese financiamiento público, en definitiva, se estarían abriendo las puertas para generar una mayor corrupción en la clase política en su conjunto. Se vale reducir el financiamiento a los partidos, pero no cancelarlo sin una discusión amplia y razonada. Sorprende que hasta los más críticos del populismo ahora abanderen una medida cien por ciento populista.

4.- El 2018 ya cambió.

Aún no está claro cómo las cosas cambiarán, pero las elecciones de 2018 van a ser diferentes de lo que iban a ser antes de los sismos. No sé si AMLO vaya a capitalizar una molestia creciente de la ciudadanía. No sé si a todos los políticos, incluyéndolo, la ciudadanía les vaya a volver la espalda.

Hay en este momento muchas incógnitas que no tienen respuesta. Pero lo que sí está claro es que las cosas no podrán ser igual. En las próximas semanas, cuando lleguen los plazos legales, veremos cómo las tragedias de septiembre cambian la perspectiva de 2018.

5.- Costará la reconstrucción, pero no frenará la economía.

Será en octubre tal vez cuando pueda hacerse una evaluación más detallada del impacto económico de los sismos. Pero las que diversos grupos han realizado hasta ahora dejan ver que no significará un freno mayor para la economía en su conjunto, ni tampoco dislocará las finanzas públicas, aunque sí lo hará –lamentablemente– con las finanzas personales de decenas de miles de familias que fueron afectadas, sobre todo en entidades como Oaxaca, Chiapas y Morelos.

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