Opinión

Cíclico, cínico e improductivo

 
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Recrte al gasto

Así es el debate y la crítica mordaz al financiamiento público a los partidos políticos en México. Cada año, en el mes de agosto, cuando el INE aprueba el financiamiento a partidos con base en una fórmula plasmada en la Constitución, se alzan voces de indignación.

Y cada año la estridencia dura pocos días y se desvanece en medio de otros escándalos o discusiones. Cada año los partidos se acusan mutuamente del “despilfarro” y “abuso”, pero casi nadie hace algo concreto para cambiar el generoso y corruptor sistema de fondeo público de partidos.

La semana pasada el INE aprobó una bolsa de 6 mil 788 millones de pesos para los partidos con registro nacional (a lo cual se le debe sumar el dinero que reciben a nivel estatal) y estallaron las críticas como siempre.

La senadora del PRD, Dolores Padierna, criticó la fórmula de financiamiento “porque son cantidades ofensivas que estarían muy bien para un país en jauja, pero no para México”.

Federico Döring, vicecoordinador del PAN en la Cámara de Diputados, dijo que el financiamiento “no es una cifra moralmente correcta”.

El senador Roberto Gil dijo que “el país no está como para gastar esa cantidad de recursos, no podemos ser indolentes, los partidos políticos necesitan ganar legitimidad y la manera de ganarla es justamente reduciendo el financiamiento”.

Muchos hablan pero pocos actúan. Quizá la única excepción reciente de un esfuerzo serio para reducir el financiamiento público provino del diputado independiente de Jalisco, Pedro Kumamoto, quien con el apoyo de otro diputado independiente –Manuel Clouthier– logró que su iniciativa #SinVotoNoHayDinero –que busca reducir el financiamiento en aproximadamente 50%– avanzara el proceso legislativo y estuviera a punto de dictaminarse en la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados. Al final no se votó.

Guadalupe Acosta, presidente de dicha comisión e integrante del PRD, dijo que el PRI es culpable porque se opuso a la reforma de Kumamoto. Pero olvida decir que también es culpable el PAN porque ayudó a romper el quórum el último día del periodo de sesiones.

Después de un receso de dicha comisión, solamente regresaron cuatro de los 11 diputados del PRI y ninguno de los seis diputados del PAN, lo que dejó a la comisión sin quórum para votar el dictamen.

Manuel Clouthier dijo con claridad que no sólo fue el PRI, sino también los demás partidos: “En la comisión todos estaban de acuerdo, y lo que trataron de generar fue un ambiente donde aparentemente estaban de acuerdo, pero todo estaba diseñado para que nunca tuvieran que someter a votación el dictamen”.

En 2007 los partidos prometieron que la reforma electoral de aquel año reduciría el financiamiento a los partidos. Y aunque se cambió la fórmula para reducir el dinero para campañas, en el agregado los partidos reciben más y más dinero año con año. Entre 2012 y 2018, años comparables, el financiamiento público a partidos habrá pasado, en términos reales, de 5mil 995 a 6 mil 788 millones de pesos.

Si los números a nivel nacional generan indignación, a nivel estatal es peor porque en 2014, al amparo de otra reforma electoral, los partidos se aumentaron el financiamiento que reciben en casi 50% (hay doble vía para recibir dinero: el INE y los institutos electorales de los estados).

Se hizo subrepticiamente al mandatar a todas las entidades que cambiaran su fórmula de financiamiento y la homologaran con la federal: esta dice que la bolsa de los partidos se calcula al multiplicar el 65 por ciento del salario mínimo (UMA) por el número de inscritos en el padrón electoral.

Antes de 2014 muchas entidades usaban un factor menor al 65% –por ejemplo, 25%– y al actualizar su fórmula el dinero a los partidos se elevó significativamente. Este año con solo cuatro elecciones locales, los partidos con registro estatal (o sea todos los nacionales) recibirán 4 mil 378 millones de pesos.

En 2018 habrá 30 elecciones locales por lo que esa cifra podría llegar a más de 6 mil millones. Sumando el financiamiento nacional y estatal, los partidos recibirán en 2018 más de 12 mil millones de pesos (no hay cifras definitivas porque aún no se aprueban los presupuestos estatales).

Estoy a favor del financiamiento público, pero su exceso ha corrompido a los partidos para cumplir su misión. No puede haber partidos ricos que defiendan las causas de la sociedad.

El dinero corrompe y burocratiza a los partidos. Por ello reducir sus prerrogativas es una vía para fortalecerlos, no para debilitarlos.

Twitter: @LCUgalde

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