Opinión

China y México le meten dinero bueno al malo

 
1
 

 

ME Pemex

La crisis china apenas empieza y su impacto en el resto del mundo será proporcional a su enorme tamaño. Quedan de manifiesto los serios problemas que ocasiona un modelo económico centralizado. Uno de los más prominentes está en la asignación de recursos a destinos políticamente convenientes, y no a inversiones rentables.

El mundo se maravilló con la enorme inversión china en infraestructura; la construcción de una red de aeropuertos, de grandes carreteras y de rápidos trenes. Pero, no generan la demanda para darle rentabilidad a estructuras evidentemente redundantes.

El gobierno chino eligió qué sectores eran los ganadores, y a sus empresas favoritas dentro de éstos; a veces se trataba de empresas paraestatales, otras simplemente de empresarios cercanos al Partido Comunista. En todos los casos fue algún burócrata, y no el mercado, quien decidió a quién darle recursos.

Invertir con criterios políticos, clientelares, para generar crecimiento en una provincia específica, o para hacerle el favor a un amigo, genera un doble problema. Primero, que probablemente se tendrá que seguir “echándole dinero bueno al malo”, segundo, que otras empresas o sectores que sí tendrían viabilidad económica, se quedan sin recursos para desarrollarse.

Es lo que ha pasado en China. Asignan cantidades crecientes de crédito a empresas que deberían desaparecer. Le prestan a empresas quebradas para que tengan con qué pagar intereses de lo que deben, y no aparezcan en el balance de los bancos como “cartera vencida”.

Mientras tanto, sectores como el de salud (urgido de recursos por el envejecimiento de la población) y el ambiental (en un país con enormes necesidades) no reciben inversión.

Cantidades estratosféricas de recursos se van a construir inmuebles. A diferencia de lo que pasa con una inversión industrial que producirá, generará dividendos para sus dueños, y empleos por muchos años, cuando el dinero se va a construir un edificio, se estaciona ahí. La obra detona demanda de trabajadores, materiales y equipos, pero posteriormente no genera nada. Ese es un problema para China en particular, pero para el mundo en general. Se ha producido liquidez sin precedente por la impresión de dinero de los bancos centrales de todo el mundo, y mucha de ésta no encuentra bonos con rendimientos atractivos, por lo que prefiere buscar resguardo invirtiendo en ladrillos.

La sobreasignación de recursos a inmuebles, como consecuencia de tasas de interés muy bajas, reducirá el crecimiento de la economía mundial. El valor del mercado global de bienes raíces asciende a 217 millones de millones de dólares. Esto es 2.7 veces el PIB generado por todas las economías del mundo sumadas; incluye propiedades residenciales (tres cuartas partes del total), comerciales, tierras agrícolas y forestales. Esto equivale a 60% de los activos globales, y es, por mucho, el principal refugio de valor. Esa cifra es 36 veces mayor que la suma de todo el oro jamás extraído.

Esto que se ve tan claro en el caso de China, ocurre también en México.

Cuando decidimos pagarle a un maestro con “licencia sindical” o a un aviador, no pagamos a un buen maestro que podría pararse al frente de una aula. Cuando el gobierno decide incrementar en 10 puntos del PIB el endeudamiento público, y simultáneamente reduce el gasto que se asigna a inversión (aumentando simplemente el gasto corriente), le quitamos recursos al futuro. Estamos pidiéndoles a nuestros hijos que paguen nuestros excesos de hoy. Cuando Hacienda decide “recapitalizar” a Pemex, dedica miles de millones de dólares a una empresa quebrada y estructuralmente dañada. Les da recursos que podrían ir a infinidad de usos alternativos que generarían más beneficio social.

Si no aprovechamos una mezcla mexicana a 18 dólares para hacer una reforma profunda de Pemex, ¿cuándo la haríamos? ¿Cuál sería la amenaza del sindicato?, ¿una huelga?, ¿dejar que quiebre la empresa? ¡Nos harían un favor!

Estrictamente, tiene más sentido económico dejarla quebrar que capitalizarla.

Recordemos que Pemex le quitó un punto al crecimiento de la economía mexicana en 2014, y quizá más el año pasado. No podemos seguir afectando a 120 millones de mexicanos, para mantener a 100 mil empleados de Pemex. Recapitalizar a una empresa así es como llenar una jarra de agua llena de hoyos en la base, nunca alcanza.

La culpa no es de Pemex. Han sido el cochinito de un gobierno tras otro. Nunca han tenido la posibilidad de ser competitivos, de tener sus propios recursos para invertir. Pero, su ineficiencia sale crecientemente cara, como acabamos de ver con los 18 mil millones de dólares de deuda cara que acaban de contratar en mercados internacionales, para financiar a una empresa que pierde dinero a carretadas. Esa también la pagarán nuestros hijos.

No podemos seguir endeudándonos para gastar. No podemos seguirle metiendo dinero bueno al malo. Invertir con criterios políticos y no económicos mata el crecimiento futuro.

Los recursos son escasos y vienen tiempos difíciles.

Twitter:@jorgesuarezv

También te puede interesar:

El futuro del peso está en chino

¿Por qué se deprecia el peso?

'El Chapo' y el surrealismo