Opinión

China, otra vez

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China

El lunes se publicó en el periódico más importante de China (People’s Daily/Renmin Ribao) una nota en la que se atribuía a una “figura de autoridad no identificada” la idea de que el gobierno chino estaría por cambiar la ruta de la economía. Más exactamente, que incrementar el apalancamiento (la deuda) sería como sembrar un árbol en el viento, y que una alta relación de deuda podría llevar a una crisis financiera. Adicionalmente, se afirma que la economía estaría por entrar a una trayectoria en forma de L (es decir, una caída sin recuperación cercana) por unos años, y sería irreal esperar un rebote.

El martes el Financial Times, en su sección de Mercados Emergentes, publica una columna de James Kynge en la que se hace énfasis en el impresionante endeudamiento de los últimos meses en China. Para comparar, el endeudamiento del año previo a noviembre de 2009, cuando China enfrentó la crisis global con deuda, sumó el equivalente al 34 por ciento del PIB. Ahora, en el año previo a febrero pasado, el endeudamiento fue de 40 por ciento del PIB. Puesto que en 2009 el endeudamiento impulsó la economía, y ahora no lo logra, el efecto final es que para lograr un incremento de 1.0 por ciento en el PIB, la deuda crece 4.0 por ciento. Eso no tiene sentido, ni es sostenible.

Más grave aún es que buena parte de la deuda que se contrata ahora no tiene como objetivo financiar inversión, sino simplemente cubrir el servicio de deuda pasada. La estimación publicada en el FT es que 45 por ciento de la deuda es sólo para refinanciar. El endeudamiento orientado a la construcción ha caído a 33 por ciento, y en el caso de los gobiernos locales sólo 2.5 por ciento de los bonos municipales que se emiten tienen como fin la inversión: 46 por ciento es roll-over (darle vuelta a la deuda, postergar el pago), 10 por ciento va a swap de deuda (algo parecido) y 41 por ciento tiene el enigmático fin mix, que puede tratarse también de postergaciones de pago y servicio de deuda.

Lo relevante del escrito del Renmin Ribao es que cada vez que aparece ahí esa misteriosa “figura de autoridad no identificada”, sus predicciones se hacen realidad, y los mercados reaccionan de inmediato. Así fue en mayo de 2015 y enero de 2016. En mayo, un alza de mil puntos en el SSE, equivalente a 20 por ciento; en enero, una caída de 600 puntos, también equivalente a 20 por ciento. En el arranque de esta semana, 150 puntos, equivalentes a 5.0 por ciento, pero apenas empezamos.

Como ya habíamos comentado en alguna ocasión, es imposible saber cuál es el comportamiento de la economía china, porque sus datos de crecimiento son incompatibles con los de comercio exterior, consumo de electricidad o fletes de ferrocarril y transporte marítimo. Las exportaciones en este año son inferiores, en dólares, a las que tuvo China en los mismos meses de 2015, por ejemplo.

Entre las empresas que estiman el crecimiento, Fathom Consulting, por mencionar una, apunta a 2.0 por ciento anual, muy lejos del 6.5 o 6.7 por ciento que tanto anuncian.

Michael Pettis, que se cuenta entre quienes mejor entienden la economía de ese país, ha insistido en que el 'rebalanceo' implicará un crecimiento promedio anual de 3.0 por ciento, al menos por una década. El comportamiento de L que mencionamos antes coincide con esto.

China creció con base en muy alta inversión, de forma que balancear su economía implica elevar el consumo. Eso querían hacer en 2008, pero la crisis de 2009 les hizo perder la razón. Por eso ahora el ajuste será mucho más complicado y costoso. Pronto, creo, sabremos qué van a intentar.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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