Opinión

Chilangos, ódiennos más

  
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ciudad de méxico. (cuartoscuro)

Hubo un tiempo en que los chilangos eran vistos por los provincianos (no llamen al Conapred) como una bola de parásitos.

Sí, mucho quejarse de vivir en el caos vial, la contaminación, la inseguridad, el hacinamiento, las eternas prisas, el ruido incesante… pero bien que eran los consentidos de la Federación, que todo les pichaba, subsidiaba, que todo les resolvía, bien que para todo eran los primeros. ¿Dónde estaban los mejores auditorios, mayores estadios, museos...?

Ese infierno centralista era visto como una maravilla por otros muchos, que no dejábamos de pensar en migrar al altiplano y dar la espalda a la tranquila, bucólica, aburrida, “segura”, nada anónima, con vida cultural apenas digna de una quermés y –sólo en algunos casos– industriosa provincia.

La envidia por la infraestructura tenía y tiene sus razones. Un ejemplo. En el Distrito Federal hay Metro desde finales de los sesenta. En cambio, hoy en Jalisco todos contienen la respiración para que la pésima suerte (y peor manejo en muchos casos, corrupción incluida) del peñismo no frustre la terminación de la Línea 3 del tren ligero en Guadalajara, una de las pocas obras de gran calado que le quedan a esta administración. Es decir, si nada se descarrila, cuando el Metro capitalino cumpla 50 años los tapatíos apenas estarán estrenando la tercera opción de su metro, así con minúsculas.

La noticia de que el Presupuesto federal será recortado ha hecho del Valle de México uno de lágrimas. No hay día en que el jefe de Gobierno capitalino deje pasar la ocasión para clamar a los cuatro vientos que la suerte (en realidad Los Pinos) le ha dado la espalda (¿Cuco Sánchez dixit?).

Así, la capital, cuya administración la semana pasada salió reprobada en el indicador de Doing Business –mientras 'provincianas' entidades como Aguascalientes ponían el ejemplo de lo contrario, de apoyo gubernamental a los negocios–, hoy vuelve a esa tendencia que tanto odian algunos en el interior del país. Quejarnos para que nos consientan.

Volvemos al tango de que nos deben ayudar, nos deben apoyar porque el PIB del Paseo de la Reforma y de Santa Fe son lo que sostiene al país, y porque la capitalidad es una carga, pero sobre todo porque los edomexenses son malísimos-malísimos, una plaga, langostas bíblicas que vienen a usarnos de baño para luego irse –tras currar acá, es decir, tras producir acá–, todos tranquilotes a sus casitas metepequenses a mal dormir cuatro horas.

De verdad que no nos entiendo. Queremos ser el estado 32, tenemos una obra de teatro en pleno desarrollo en la casona de Xicoténcatl para hacer una Carta Magna (no se rían) capitalina, pero apenas nos avisan que no habrá dinero, el señor que a todo dijo que sí al gobierno federal hoy dice que cómo que le van a dejar de dar para sus conciertos 'gratis' en el Zócalo.

No sé. Yo hubiera esperado tantita congruencia. Tantito echarse para adelante, menos discutir salarios mínimos y más plantear creación mínima de empleos. No sé. Menos codependencia y más amor propio.

O a lo mejor soy yo, que sigo esperando a que llegue el hombre fuerte (no llamen al Conapred, bis) que diga que así y asá se harán las cosas con o sin Los Pinos. O sea, quizá como provinciano que soy espero a mi charro negro, al cacique que plante cara y diga, sí, reclamamos, pero aquí resolveremos, por nosotros mismos y para que los federales aprendan, así y asá la coyuntura.

Un provinciano con nostalgia de alguien que tenga tantito orgullo chilango. ¿Es mucho pedir?

Twitter: @SalCamarena

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