Opinión

Chikunguña

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil estornudó, sintió un escalofrío y farfulló: esperemos que Gamés no sea el primer caso de la chikunguña mexicana. Chikunguña es una enfermedad de origen africano que llegó al Caribe el año pasado y ha causado 10 mil enfermos. Gil lo leyó en su periódico El País en una nota de Catalina Lobo-Guerrero, corresponsal en Maracay. En Venezuela hay casi 400 casos confirmados de esta enfermedad y mil 200 sospechosos, según las cifras oficiales, pero los médicos estiman, utilizando modelos matemáticos, que habría entre 65 mil y 120 mil afectados.

Nicolás Maduro acusó de terrorista al médico que alertó sobre la enfermedad y de las ocho muertes ocurridas en Maracay, y denunció un ataque bacteriológico e instaló un plan especial para que médicos cubanos y venezolanos combatan la chicunguña. ¡Marte ataca! Gil tropieza de nuevo con la idea extendidísima, incluso entre seres más o menos normales, de que los cubanos han logrado una medicina de primera en el mundo miserable en el que obligan a vivir a los cubanos.

La falta de información desata a las voraces fantasías (cómo sienten esta frase, sin albur). En Maracay, los ciudadanos estuvieron convencidos de que habían sido atacados por una bacteria extraterrestre, o de que el ébola había llegado a su ciudad.

El eterno

Oigan esto: el presidente del Colegio de Médicos, Ángel Sarmiento, dio a conocer la noticia de que ocho personas habían muerto a causa de la chikunguña. De inmediato, Maduro lo acusó de “terrorismo psicológico”, lo tildaron de fascista y ordenaron una investigación penal en su contra.

En un gesto histórico, mju, Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: se sabe que la información es, desde siempre, un acto terrorista.

Comuníqueme con Martí Batres. ¿Martí? Que Morena investigue a la brevedad la guerra química contra el gobierno de Maduro. Los neoliberales nos atacan, Martí. Gamés les recuerda, por si lo habían olvidado, que en Morena pueden encontrarse los más entusiastas chavistas y los más serios defensores de la República Bolivariana.

Al pobre médico Sarmiento le cayeron a palos. El director del departamento de Sanidad de Aragua, Luis López, dijo que era justificable acusar a Sarmiento de terrorismo pues por su culpa nadie quiso ya volver a los hospitales por temor al contagio: una verdadera temporada en el infierno. El médico Sarmiento declaró en el colmo de la desesperación: “no soy terrorista, soy médico, soy venezolano”.

Kim Yong-Un, presidente de la Comisión Nacional de Defensa de Corea del Norte, podría darle algunas ideas a Maduro: Nicolás, que sus hombles de la segulidad aplesen al médico Salmiento y que lo echen a los pelos hamblientos. Qué, ¿los coreanos no hablan como chinos cuando hablan español? No nos detengamos en naderías. Otlo consejo (Gamés se mimetiza rápido): a paltil de ahola, el que mencione la chikunguña selá fusilado.

Estas medidas desaparecerán inmediatamente la enfermedad. Por cierto, a Maduro no se le ocurrió lo que sí pensaron los norcoreanos: nombrar a Chávez presidente eterno, cargo que ocupa con dignidad y entusiasmo Kim Il Sung. No es chiste, vayan a la Wikipedia y lo verán: presidente eterno. Gil quisiera ser un gacetillero eterno, pero la eternidad debe ser aburrida.

Sopa de papa

Gil leyó con los ojos de plato que los familiares de los enfermos de chikunguña han tenido que salir del hospital a conseguir un medicamento para bajarle la fiebre a su familiar enfermo. Su periódico El País lo puso así: “La población comparte recetas y remedios caseros para enfrentar la fiebre de moda: sopa de patas de pollo, planta matarratón, jugo de caña, agua de piñón, baños de mango, y litros de agua de coco para hidratarse”.

Ya entrados en gastos, y sin ofender, los calcetines húmedos puestos bajan la fiebre, y también la lectura de los artículos de Porfirio Muñoz Ledo. Ahora mal: si consumen chile de árbol bien seco, la fiebre se evapora, el alma se desvanece, el corazón se detiene y sobreviene la ceguera. No le den la receta a Nicolás Maduro, por piedad. Games pregunta, el tiempo pasa y todos los legisladores perredistas, como Dolores Padierna, que apoyaron a Chávez, no dicen esta boca es mía, nada. Con estas izquierdas ya casi no necesitamos derechas.

La máxima de Aldous Huxley espetó dentro del ático de las frases célebres: “La investigación de las enfermedades ha avanzado tanto que cada vez es más difícil encontrar a alguien que esté completamente sano”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX