Opinión

Chiapas verde

 
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PVEM. (historiapvem.blogspot.com)

Concluyó el cómputo final de votos de la elección de ayuntamientos y diputaciones locales en Chiapas. El Partido Verde ganó 59 de 122 alcaldías en disputa, ya sea de forma solitaria o en coalición con el Partido Nueva Alianza (Panal). Asimismo, en alianza con el PRI y Panal ganó todos los escaños de mayoría en el Congreso local. El Verde ya es la fuerza hegemónica en Chiapas y el PRI ha sido desplazado del centro del poder político.

Apenas en 2004, el Verde ganó sólo dos diputaciones de mayoría de la mano del PRI; hoy ganó 24 (23 en alianza y una por sí mismo). En 2004 ganó nueve ayuntamientos (solo o en alianza con el PRI); en 2015 ganó 59. Si se suman las 18 alcaldías ganadas por dos partidos afines (Mover a Chiapas y Chiapas Unido) y se suman además las que ganó el PRI (25), la coalición gobernante es hegemónica.

No sólo ganó mucho, sino que lo hizo por márgenes aplastantes y poco comunes en las elecciones en México. En Ocosingo el margen fue de 61 por ciento y en la mayoría de los casos superiores a 30 por ciento. Contrasta la elección de alcalde de Tuxtla Gutiérrez que se definió por un margen de 795 votos.

¿Es Tuxtla Gutiérrez un oasis de competitividad y participación ciudadana en medio de una jungla de clientelismo y apatía? Desafortunadamente no. El candidato ganador es Fernando Castellanos —militante del Partido Verde quien fue apoyado también por el PRI y el Panal— quien se impuso sobre Francisco Rojas, candidato del PAN y quien ya fue alcalde de Tuxtla, diputado federal y excandidato a la gubernatura

Castellanos, el ganador, fue detenido en julio de 2009 junto al entonces senador Arturo Escobar en el aeropuerto de Tuxtla Gutiérrez al transportar un millón 100 mil pesos en efectivo, días antes de las elecciones federales de ese año. Rojas, el candidato perdedor, es conocido como “Paco Bono” (por un bono de retiro que se autorizó en 2003 al dejar el ayuntamiento) y fue exhibido hace pocas semanas en un video recibiendo fajos de billetes en un restaurante. De “Paco Bono” pasó a ser “Paco Moches” sin que ese hecho tuviera mayor impacto sobre su candidatura.

Paco Moches es conocido por ser alegre y dicharachero, según crónica del diario Reforma (24-07-2015). Fue delegado de la Sedesol en Chiapas durante el sexenio de Felipe Calderón, pero un año después fue destituido para ser investigado por la Contraloría Interna por actos de nepotismo.

El cinismo y la frivolidad que se respira en la entidad no han cambiado a pesar de que ha habido alternancia en la gubernatura y muchas presidencias municipales. En esa entidad ha gobernado el PRD en dos periodos. En 2000 ganó Pablo Salazar bajo las siglas de ese partido y en 2006 —con el apoyo de López Obrador— se impuso Juan Sabines. Éste metió a la cárcel a su antecesor por presuntos actos de corrupción y Sabines —designado cónsul en Orlando hace pocas semanas— ha sido señalado por la Auditoría Superior de la Federación de múltiples irregularidades, desvío de recursos públicos y obra pública pagada pero no concluida.

En 2012 se dio la segunda alternancia —ahora encabezada por el Partido Verde— sin que las cosas hayan cambiado, salvo el hecho notorio de que el PRI ha sido desplazado del centro del poder político en aquella entidad. Con la nueva hegemonía que disfrutará el gobernador en la segunda mitad de su sexenio, es muy probable que el Congreso local abdique de su función de control y que las prácticas de clientelismo y corrupción se extiendan aún más como ha sido el caso en las últimas dos décadas.

Chiapas es una de las entidades más pobres y desiguales del país
—ahí surgió el movimiento zapatista en 1994— y el PRD que gobernó ahí por 12 años desperdició la oportunidad y reprodujo los mismos vicios que otros partidos y políticos. Por eso en esta elección apenas alcanzó ocho ayuntamientos y el PT dos adicionales. ¿Acaso el Verde y el PRI han sido más eficaces para resolver los problemas sociales o son más sensibles a las demandas de una población indígena que vive en la marginación?

Desafortunadamente, lo que permea en esa entidad es un esquema de gobernabilidad cimentado en el clientelismo, la corrupción y el asistencialismo. Por eso a pesar de que la entidad ha recibido el mayor influjo de recursos para combatir la pobreza desde los años noventa, la desigualdad y la marginación se mantienen casi intactas. La calidad ínfima de la democracia sólo prolongará los problemas sociales y aumentará el abuso del poder.

Pobre Chiapas, que a pesar de la alternancia sigue siendo una democracia tan verde.

Twitter: @LCUgalde

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