Opinión

Chávez, Trump y Harvey

 
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Trump

Trump podría estar cometiendo el mismo error que Hugo Chávez en 1999: por proteger su imagen, el presidente Chávez rehusó ayuda humanitaria para una población con grandes necesidades. Recordemos un poco de historia.

El 15 de diciembre de 1999, en las costas caribeñas de Venezuela ocurrieron una serie de deslaves, a los cuales se les conoce como la Tragedia de Vargas, considerada como la peor catástrofe natural que ocurrió en Venezuela durante el siglo XX. El saldo oscila entre los 10 mil y los 30 mil muertos y hubo unos 70 mil desplazados. Fue uno de los mayores desafíos para el gobierno del entonces presidente Hugo Chávez, quien llevaba apenas 10 meses en el cargo. Ese día, el 15 de diciembre, en Venezuela también celebraban un referendo sobre una nueva Constitución.

El presidente Hugo Chávez fue acusado de no actuar y ejecutar el plan de evacuación rápidamente, ya que los recursos militares y de la policía se encontraban concentrados en las votaciones. Alrededor del mundo, gobiernos ofrecieron ayuda para los miles de damnificados y apoyo en la búsqueda de víctimas de este terrible desastre natural. El gobierno de Estados Unidos, encabezado en ese entonces aún por Bill Clinton, pasó por alto la nueva retórica antiestadounidense de Venezuela y mandó –a petición de Hugo Chávez– navíos de la Marina para proveer rescate, equipo y suplementos, pero al último minuto Chávez rechazó la ayuda y los barcos regresaron a Estados Unidos estando a medio viaje.

Chávez aseguró que “tuve que decirle a Clinton: ‘presidente, usted mande a que se devuelvan los barcos’” ya que, de acuerdo con el venezolano, era en realidad un envío masivo de tropas que “pretendía hacer Estados Unidos a Venezuela. Unos barcos con más de mil marines, y cuando yo me enteré de eso, ordené que se les impidiera atracar”.

El presidente antiyanqui estuvo dispuesto a que su población corriera más riesgos y que murieran más personas, por no recibir ayuda humanitaria, por proteger su imagen.

En una forma interesante, el presidente de Estados Unidos enfrenta una coyuntura similar. Desde que inició su campaña como candidato a la presidencia, la plataforma de Trump estaba basada en usar a México y los mexicanos como chivo expiatorio de la mayoría de los males en su país: desempleo, violencia, drogas.

Y literalmente al mismo tiempo que el huracán Harvey empezaba hacer estragos en Texas, Trump se dedicó a golpetear y ofender a México y a los mexicoamericanos, empezando el viernes pasado con el perdón al hombre que más representaba la posición antiinmigrante de Trump: el sheriff Arpaio. Unos días antes, Trump había tenido un rally político en Phoenix, donde señaló que por ser el peor acuerdo comercial del mundo, probablemente Estados Unidos no llegaría a un acuerdo con México para continuar en el TLCAN. Y tras estar muy ocupado con el huracán que golpeó Texas la mayor parte de este fin de semana, fue el domingo cuando el presidente de Estados Unidos, en un rato libre, recordó que había que seguir golpeando a México y publicó en su cuenta de Twitter: “Con México siendo una de las naciones con mayor criminalidad en el mundo, debemos de tener el muro”. “México pagará por él a través de un reembolso/otro”. Está aún aferrado a su idea del muro y de que México pagará por él.

Ese mismo día, Trump tuiteó: “Estamos en el proceso de renegociación del NAFTA (el peor trato comercial jamás hecho) con México y Canadá. Ambos están siendo muy difíciles, ¿debemos terminar?”

A pesar del golpeteo y las ofensas, el gobierno de México, poniendo a un lado las diferencias, ofreció, de nuevo, apoyar a las víctimas de un desastre natural, y al mismo tiempo reafirmó que México no pagaría el muro, ni que negociaría por redes sociales.

Aunque hasta el momento de esta publicación el gobierno estadounidense no ha dicho que aceptaría o no la ayuda, que sería similar a la que proporcionó México después del huracán Katrina, de categoría 5, lo que si es cierto es que pone a Trump en aprietos. El golpear a México y los mexicanos después de la generosa oferta de ayuda humanitaria reconfirmaría que a Trump le preocupa más su imagen que las necesidades de la población afectada. Pero también el permitir que se divulguen imágenes de mexicanos en Houston, alimentando, construyendo y dando ayuda médica, sería la mejor estrategia de negociación de México ante el bully de Trump.

Y lo más fascinante de todo esto es que, si la historia de Nueva Orleans después de Katrina se repite, la reconstrucción de Houston será, en su gran mayoría, hecha por indocumentados.

¡Tómala Trump!

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