Opinión

Cervantes, salvador de la lengua española

 
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Miguel de Cervantes. (AP)

En días pasados, el 23 de abril, se cumplió un aniversario más, el número 399, del fallecimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, autor de la obra cumbre de la literatura española –y aun universal- Don Quijote de la Mancha.

Tal día y mes fueron adoptados por la Unesco para establecer el Día Internacional del Libro, lo cual parece muy acertado. Es asimismo la fecha en que se otorga, con su correspondiente y muy solemne ceremonia, el Premio Cervantes de literatura, todo un acontecimiento en el ancho ámbito del mundo hispánico.

Pero es también una magnífica oportunidad para tener presente otros aspectos poco conocidos, o quizá hasta de plano ignorados, de la gran aportación cervantina a la cultura que tiene a la lengua castellana como pilar fundamental.

Antes de tocar uno de esos temas, es necesario un preámbulo que le dé marco de referencia. Se trata del Análisis del Quijote que vio la luz en 1780, es decir, 175 años después de la publicación del libro que analiza, y del cual de entonces a la fecha han transcurrido otros 235 años.

Es ese un interesante estudio pionero, aunque en sentido estricto no lo haya sido, pero sí por su seriedad y rigor, elaborado por un militar, como Cervantes lo fue, de nombre Vicente de los Ríos, teniente coronel y miembro de la Real Academia Española, RAE. Este Análisis del Quijote es un relativamente extenso documento de 167 páginas. Se divide en nueve capítulos que comprenden, numerados uno a uno, 331 párrafos.

Ese Análisis corresponde a uno de los cuatro estudios preliminares, todos preparados por De los Ríos, que preceden al texto de El Quijote en la espléndida edición publicada por la RAE en 1780, y dos años después en edición popular. Los otros tres trabajos se titulan: 1. Vida de Miguel de Cervantes, de corte biográfico; 2. Pruebas y documentos que justifican la vida de Cervantes, que es la transcripción de los documentos que el autor utilizó para sustentar la biografía del genial escritor, y 3. Plan Cronológico del Quijote, en el que se hace el cómputo de los días que sumaron las aventuras del caballero manchego, y que De los Ríos fija en 165.

Pues bien, en el párrafo núm. 121 de su Análisis, De los Ríos menciona a varios autores contemporáneos de Cervantes que “se quejaban del abandono y descuido con que los españoles miraban su lengua, la cual llegó a envilecerse y abatirse de modo que nadie se determinaba a valerse de ella en asuntos capaces de mejorarla y perfeccionarse. No se escribían por lo común en castellano sino vanos amores o fábulas vanas: nadie osaba encomendarle cosas más nobles, temiendo obscurecer la obra por la bajeza del lenguaje, de lo que resultaba que no había libros cuyo estilo fuese texto de la lengua, y cuya lección e imitación sirviese de regla para decir correcta y elegantemente”

El párrafo continúa así: “A esta sazón –dice- principió a escribir Cervantes y a mejorarse nuestra lengua, hasta llegar a lo último de su perfección. España admirada vio en el Quijote una repentina y súbita transformación de nuestras antiguas fábulas: la vanidad cambiada en solidez, la bajeza en decoro, el desaliño en compostura y la sequedad, dureza y grosería del estilo en elegancia, blandura y amenidad”.

Una deuda más que el mundo hispano tiene con Cervantes y de la que prácticamente nadie está consciente.

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