Opinión

Centralismo y financiamiento educativo

 
1
 

 

Escuela. (Cuartoscuro)

En memoria de mi amigo Antonio Ordaz, funcionario ejemplar en la ASF y en la Función Pública. Experto en el FAEB. Mi afecto a su esposa Lety y a sus hijos.

La presentación del nuevo modelo educativo es muy importante, así como la consulta que se va a realizar; por otra parte el conflicto magisterial y social, se mantiene en varios estados, principalmente en Oaxaca y Chiapas. Para resolverlo es necesario superar los monólogos, política y paciencia.

Pero hay un tema que no se ha abordado, es lo referente al financiamiento de la educación básica, que ha sido desafortunado en sus diferentes etapas, desde el ANMEB en 1992, hasta la fórmula del FAEB de 2008 a 2014. Proceso que aun tiene con serios déficit a los estados, originados por el incumplimiento de la Ley y el Decreto original, de darle suficiencia a lo transferido. Los gobernadores de entonces no supieron lo que firmaron y muchos de los que se van y más de los que llegan no están al tanto por ejemplo de los déficit que les dejó el FAEB.

Pero ese problema lo arrastran la mayoría de los gobiernos estatales y estará presente para los nuevos gobernadores.

Desde el principio se apostó a la centralización, esto es transferir responsabilidades, pocos recursos, sin perder el control. Ello provocó serios problemas a los estados, y un caso particularmente claro es el del financiamiento de la educación básica. Desde un principio la SEP se reservó el control de la plantilla, lo fue perdiendo por lo difícil de simular una descentralización que nunca existió y que no solamente en el federalismo educativo, se da en la mayoría de los espacios de las políticas públicas, más en el gasto federalizado.

Como ha escrito José Barragán en El Federalismo Mexicano, libro del Instituto de Investigaciones Jurídicas, publicado en 2007, “en México, las prácticas de concentración del poder en la Federación se hacen en contra de los mandatos constitucionales, pervirtiendo el orden racional constituido, causando… verdaderos perjuicios y obstaculizando el progreso del país”.

El centralismo potenció los problemas, agravado por una errónea aplicación de la fórmula del extinto FAEB que generó más inequidad, ineficiencia y debilidad en los gobiernos estatales. Cierto, con el FONE se mejora mucho, pero todavía hay rasgos de inequidad en los gastos de operación y está pendiente el tema de los déficit.

En el momento de la desconcentración, 21 entidades federativas contaban con los dos subsistemas, el federal y estatal, pero sólo en tres estaba parejo, mientras que en 11 sólo existía el sistema federal.

Los estados con subsistema estatal tuvieron inmediatamente presiones presupuestales, al tener que homologar a los maestros estatales, adicionalmente llegó la doble negociación, simulando los gobernadores –no se daban cuenta– que lo que negociaran no iba a tener financiamiento federal, a menos que hubiera sido convenido; adicionalmente se dio un incumplimiento de los compromisos firmados por el gobierno federal de dar suficiencia en todos los sentidos a la responsabilidad transferida, por eso se llegó los 90 días de aguinaldo desde 1997, que se convirtió en un galimatías costoso.

A partir de 2008 se apoya a los estados con gasto elevado, pero a costa de los otros, lo que viralizó el problema y cambio la relación entre gasto federal y estatal.

Adicionalmente hubo un costo que a lo largo del tiempo ha sido más pesado, hablo del costo político, de convertirse en patrones sustitutos, sólo en el Distrito Federal no pasó, que bueno para sus finanzas. Es alto el desgaste político de los gobernadores, claro algunos han abusado, y se manejaron con corrupción y complicidades, como en el pago de los comisionados al sindicato, que observó la ASF. Con el FONE ya desapareció ese “uso y costumbre” afortunadamente.

También te puede interesar:

Acción de inconstitucionalidad

Participaciones mejoran, pero hay ‘fantasmas’ cerca

Cambios “legales”, inmorales e inútiles