Opinión

CENTÉOTL: Un modelo de organización social y económica para el campo

 
1
 

 

Campos de maíz en Brasil (archivo/Reuters)

Esta es una historia que se debe difundir porque es exitosa pero sobre todo porque es ejemplo de cómo la sociedad civil organizada puede transformar a la sociedad y abrir caminos de participación. Además porque configura un modelo de desarrollo territorial que pareciera ser la clave para revertir el estancamiento de las zonas rurales e indígenas en el que convergen las microfinanzas, la producción asistida y la comercialización, ya sea en una o varias instancias empresariales y de cooperativismo basadas en fuerte organización social, esquemas de gobernabilidad y capital social que se construye y se incrementa.

Este es el caso del Centro de Desarrollo Comunitario Centéotl que inició sus actividades en 1990 en Zimatlán, Oaxaca. Según sus fundadores, en ese momento se organizaron por la urgencia de proyectos de desarrollo alternativos e incluyentes –quien diría que décadas después ésta seguiría siendo la urgencia de los pueblos rurales-.

La primera acción que emprendieron fue crear grupos de mujeres que realizaban compras de alimentos en volumen para reducir costos, así pronto apareció la necesidad de atender a sus hijos por lo que crearon una biblioteca, donde los niños podían hacer la tarea escolar mientras sus madres se encargaban de la operación de los grupos. Rápidamente, los esposos se acercaron al proyecto y crearon proyectos de siembras en común. Este origen, un poco improvisado, fue configurando un plan de acción en tres áreas: producción agrícola, educación y proyectos autogestivos.

El programa de producción arrancó con parcelas demostrativas de amaranto, pues era un producto que ellos conocían y consumían. Para 1999 había 20 has. de amaranto en producción. Posteriormente, el apoyo de Oxfam Internacional permitió crear una empresa de transformación de amaranto (en harina, galletas, botanas) y la constitución de una cooperativa en el año 2002, la cual se encarga de comercializar la producción. Paralelamente se fue construyendo una estrategia de microcrédito a través de “grupos comunitarios de apoyo”, experiencia que fue conocida y apoyada por el Banco Grameen, por lo que hubo intercambios entre México y Bangladesh para que las mujeres de Centéotl aprendieran la metodología y la adaptaran al contexto oaxaqueño. El Banco Grameen hizo una importante donación que permitió arrancar y dar viabilidad al proyecto que trabaja desde 2002 bajo el nombre de Bancomunidad con pequeños préstamos a mujeres organizadas en grupos llamados “Colmenas”. Al igual que el Banco Grameen, Bancomunidad buscaba promover la inclusión financiera y dar acceso al crédito a quienes no eran “bancarizables”. Los grupos de mujeres han crecido a tal magnitud que actualmente son poco más de 140 Colmenas y agrupan a más de 4,000 mujeres en los Valles Centrales y Sierra Sur de Oaxaca. Las necesidades financieras y el crecimiento en la demanda llevaron a que el programa Bancomunidad se transformara en una nueva Sociedad Financiera Comunitaria llamada FINCOMUNIDAD, capaz de captar ahorro, proveer crédito y dar una oferta más integral de servicios financieros incluyendo la educación.

A lo largo de los años, Centéotl ha creado también un programa para jóvenes que provee capacitación para el empleo, la reinserción laboral o el autoempleo, la educación abierta, la regularización académica y la adecuación de espacios para dar acceso a Internet, así como videotecas y bibliotecas. Este programa se llama: Raíces y Horizontes.

Así, Centéotl trabaja en temas tan diversos como la atención a los jóvenes, la seguridad alimentaria, el empoderamiento de mujeres indígenas o la generación de ingresos. Con más de 25 años, ha estado abriendo caminos en una parte de los Valles Centrales y la Sierra Sur, en uno de los Estados más pobres del país.

Es por ello un caso urgente para ser reconocido y analizado por tomadores de decisión, para diseñar mejores políticas públicas para el campo que favorezcan la creación y fortalecimiento de organizaciones que trabajen así, territorialmente, con visión social, capaces de dar resultados, vincularse al mercado y generar credibilidad. Si casos como Centéotl dieron la suficiente confianza a financistas internacionales con estrictos controles de calidad, ¿qué espera la política pública nacional para apostar por su sociedad civil organizada?

Esquela: en memoria de Teresita de Jesús Santaella Mendoza (1964-2016), entusiasta co-fundadora de Centeótl y Gerente de Fincomunidad, S.A. de C.V.S.F.C. DEP.

También te puede interesar:

CAPRECO: una historia exitosa de servicios financieros rurales y políticas públicas efectivas

La definición del enfoque de género en finanzas populares: primeros acercamientos

La reducción de vulnerabilidad a través de microfinanzas es una realidad en los Altos de Chiapas