Opinión

Celebrando el día de la Tierra se aclaran retos ambientales I

¿Es posible avanzar en el combate al cambio climático frente a los grandes intereses creados en el mundo corporativo? ¿De qué tamaño es el reto del agua para México?

El martes pasado se celebró internacionalmente el Día de la Tierra. El Instituto de Investigaciones sobre Desarrollo Sustentable y Equidad Social de la Universidad Iberoamericana organizó una jornada orientada al examen de políticas públicas para atender los grandes desafíos pendientes.

Destacaría la conferencia de Larry Schweiger, Presidente de la National Wildlife Federation de los EEUU (vinculada a Al Gore), sobre los desafíos del cambio climático; las conferencias de Enrique Provencio y Pedro Alvarez-Icaza, de CONABIO,  sobre los retos de las políticas públicas para preservar la naturaleza y lograr desarrollo sustentable; y el panel sobre la problemática del agua en nuestro país y en la Ciudad de México con el Sen. Irizar, el Ing. Ramón Aguirre, del GDF, y el Ing. Yamanaka, del Instituto de Tecnología del Agua.

Además hubo una exhibición temática apoyada por organizaciones internacionales y empresas nacionales responsables, así como la exhibición comentada de un bello film documental que ojalá y se difundiera más: "Corazón del Cielo, Corazón de la Tierra", sobre la percepción cosmogónica del dilema entre los mayas de Chiapas y Guatemala.

En esta ocasión me referiré al cambio climático, dejando el tema de la biodiversidad, los bosques y agua, para mi siguiente artículo.

Tal como lo destacó Larry Schweiger, Presidente-Director de la NWF, en su conferencia, los efectos del cambio climático sobre la tierra y la población mundial son cada vez más comprobables y urgentes. Pero en el mundo corporativo y, el de los EEUU en particular, la tendencia a negarlo se ha acentuado. Mientras más evidencia surge, las empresas carboníferas, petroleras y de generación de electricidad hacen más por canalizar grandes presupuestos a contrarrestar la evidencia sobre sus impactos negativos y a frenar y desvirtuar las acciones a los gobiernos y las ONGs.

México cuenta con una amplia base de recursos naturales en comparación con economías más desarrolladas, como lo señala el reciente informe de la CEPAL: Recursos Naturales: Situación y Tendencias. Al mismo tiempo sus patrones de producción y consumo son menos intensivos en energía y en materiales, que en otros países de la OCDE. Sin embargo, la rápida urbanización, el crecimiento demográfico y el aumento en el consumo están generando múltiples presiones ambientales.

En 2008 México ocupaba el lugar 13 en cuanto a mayores emisiones de gases de efecto invernadero, además de estar muy expuesto a los riesgos asociados con el cambio climático. Desde 2005 ha reforzado su marco institucional y ha aumentado la asignación de recursos para la lucha contra el cambio climático. La Comisión Intersecretarial contra el Cambio Climático elaboró una estrategia nacional en 2007, y en 2012 la Ley General para el Cambio Climático (2º país en el mundo), buscando reducir los gases de efecto invernadero (GEI) en 30 por ciento respecto a la tendencia para 2020 y en 50 por ciento en 2050, frente a niveles del año 2000.

A pesar de estas acciones, la reducción de los GEI es un gran reto. México tiene una de las menores emisiones de CO2 per cápita de la OCDE. Sin embargo, sin medidas adicionales de política, el total de emisiones podría aumentar en 70 por ciento para 2050, en comparación con el año 2000.

México es uno de los pocos países de la OCDE que no ha desacoplado el suministro de energía total del crecimiento económico. Existen grandes oportunidades de bajo costo para mejorar la eficiencia energética; pero se ven debilitadas por la persistencia de subsidios sobre la energía.

Por el lado de la producción hay potencial significativo -sobre todo la misma producción de petróleo, gas y energía eléctrica-, pero donde apremia mayor eficiencia energética es en el transporte y en las edificaciones. El transporte es el mayor consumidor de energía y el de mayor crecimiento. Entre 2000 y 2010 la taza de motorización en nuestro país casi se duplicó, debido al crecimiento de los ingresos, pero también por una gran oferta de vehículos usados de bajo costo procedentes de los EUA, la dispersión urbana y sobre todo, la ausencia de medios alternativos de transporte público masivo de pasajeros y de carga. La tradicional falta de señales de precio sobre los combustibles se está superando con dolorosos incrementos graduales para los consumidores. Pero todavía subsisten regímenes de privilegio para la agricultura, para el sector pesquero y para otros grupos de productores y consumidores que hay que eliminar.

Urge adoptar un paquete de medidas para reducir las emisiones derivadas del uso de vehículos automotores; lograr el desarrollo de alternativas de transportes públicos verdes al interior de las ciudades y entre ellas; así como combatir la generación de GEI de las actuales y futuras empresas energéticas.

*Director del IIDSES-IBERO