Opinión

CDMX, ¿listos para nueve mil presos menos?

  
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Actualmente la prisión militar en Guantánamo mantiene a un total de 91 prisioneros, de los cuales la mayoría son presuntos terroristas talibanes, capturados en Afganistán.. (Reuters)

El asesinato del cineasta León Serment conmocionó a quienes le conocíamos. Un hombre comprometido, crítico, lector generoso de esta columna, que hace dos semanas a las afueras de su casa falleció en un asalto perpetrado con saña incomprensible.

La muerte de Serment fue narrada hace días por Héctor de Mauleón. A los detalles del absurdo crimen, el columnista de El Universal agrega un contexto clave, algo que no lo hace más comprensible, pero quizá sí más explicable: la Ciudad de México enfrenta una ola de criminalidad creciente. En el primer semestre de 2016 los homicidios crecieron 8.0 por ciento con respecto al mismo periodo del año pasado, que ya había sido malo. (http://eluni.mx/2c5snIt)

Consulté sobre el homicidio de Serment y sobre esta ola violenta en la capital a un político con más de diez años de experiencia en la gobernabilidad de la ciudad.

Lo que esta fuente destacó podría considerarse un tanto polémico, pero vale la pena revisarlo.

A inicios de los dos miles, desde la Secretaría de Seguridad Pública, Marcelo Ebrard -recordó la fuente- le vendió a Andrés Manuel López Obrador la idea de que si metían más gente en la cárcel, ello significaría que habría menos gente en las calles. Menos criminales, se entiende. “Le llamaban la curva Ebrard”, dijo el político.

La ciudad llegó así a tener una población carcelaria de alrededor de 44 mil personas. Pero eso cambió en este sexenio. De hecho, hace unos días Miguel Ángel Mancera habló, sin mencionar a Ebrard ni a política alguna, de un cambio de paradigma en la política carcelaria.

“Recibimos la administración más o menos con 41 mil, casi 42 mil personas en reclusión durante 2012, y a 2016, acabo de actualizar el dato, hay 33 mil. Esto quiere decir que es una salida de nueve mil, casi 10 mil personas del sistema tradicional”, dijo Mancera el 1 de septiembre. El jefe de Gobierno fue más allá en sus datos: reveló que la población “de adolescentes en conflicto con la ley en internamiento” ha bajado 50 por ciento en este gobierno. (http://bit.ly/2cqXa2D)

En pocas palabras, en menos de cuatro años han salido de las cárceles capitalinas más de nueve mil presos adultos. Qué bueno por todos aquellos que estaban de manera indebida en prisión o por los que alcanzaron beneficios de preliberación.

No se debe culpar a los presos liberados de ser los responsables del aumento en los homicidios ni del incremento de la violencia que, según la fuente consultada, se ha registrado con mayor frecuencia en otros delitos, como el asalto en transporte público o el robo a mano armada (como en el que perdió la vida León Serment).

Pero entonces lo obligado es plantear al menos dos cuestiones.

¿Está preparada la ciudad para la efectiva reinserción social (no se rían) de esos miles de hombres y mujeres que han salido de las cárceles? Decir la ciudad es decir el gobierno, pero también es hablar de las familias y de las empresas. ¿Habrá oportunidades laborales para esas personas? ¿Querrán las empresas emplear a esas personas? Y mientras consiguen trabajo, ¿se puede dotar a los que dejaron las cárceles de un piso mínimo de prestaciones y/o apoyos sociales para que aterricen en su nueva realidad con algo más que los dos mil pesos del seguro de desempleo que se les dan durante seis meses?

La otra pregunta es ¿cómo va a incidir en esa tendencia liberadora la entrada en vigor del nuevo sistema penal, que en principio debería terminar de sepultar la “curva Ebrard”?.

Hora de discutir la reinserción social.

Twitter: @SalCamarena

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