Opinión

Carta de adiós a mi celular

 
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Teléfono celular, telecomunicaciones. (Reuters)

Querido celular, tenemos que separarnos.

Sabes mejor que nadie lo que me cuesta esta decisión. Han sido fabulosos veinte años. Pero muchas cosas han cambiado desde mediados de los noventa, cuando tú y yo, en tus diferentes números y no tan diferentes compañías, comenzamos a estar juntos. No soy yo, eres tú. Y lo sabes, ¡vaya que lo sabes!

Eres tú porque dejaste de ser un medio para comunicarme con otra persona. Parecías tan servicial, tan caído del cielo, ahí estabas listo para que yo pudiera responder y llamar cuando y donde quisiera; eras maravillosa prueba de que la ubicuidad humana es posible: estábamos siempre para el otro sin (casi) importar en dónde estuviéramos. Pero ahora, en ¿qué te has convertido? En un traidor. Qué bajo has caído.

Toda la información que te he dado la compartes con todos todo el tiempo.

Aunque… ya sé, ya sé, yo muchas veces fui el que dije adelante, sí, acepto que tal app navegue en mis contactos, que tal otra vea siempre mi ubicación, que se sepa el historial de mi uso de aplicaciones, que ojeen mis fotos, que analicen mis llamadas, que conozcan tu ID… Toda, les diste toda mi información. Bueno, les di, pero es igual. Éramos tú y yo, ahora quién sabe cuántos saben lo que antes sólo tú y yo sabíamos.

Más vale separarnos ahora, antes de que sea demasiado tarde. O a lo mejor ya es demasiado tarde. Ya saben demasiado. Cada vez que en lunes te pido que me ayudes a conseguir Uber, alguien ya sabe que voy a Radio Fórmula y ese es el destino que me propone. Cada vez que el miércoles en la tarde-noche pongo Waze, esa app me ofrece, claro, como destino EL FINANCIERO Bloomberg. Spooky. ¿Qué hiciste, celular, qué hiciste?

El problema, celular, es que te has vuelto una amenaza. Y te voy a dejar. Sé que lo sospechabas, pues desde hace tiempo ya nunca entras conmigo a las juntas; o desde que te pongo un post it en la cámara delantera para que no veas lo que hago, o cuando me alejo de ti para cuchichear sobre un tema…

¡Yo no quiero vivir así! Así con ansiedad por conocer cuanto tip me dan para cuidarme de ti. Que si mejor te ponga en una bolsita que tiene un forro metálico que genera estática y te aísla, que es lo que usa el ingeniero, sí ése ingeniero, pos cuál otro. Que si te debo dejar afuera de la recámara para que no graben mis noches. Que si debo quitarte la pila. Que si eso es mito. Que si nunca te conecte en una red gratuita (como si hubiera redes gratuitas, ja). Que nunca, nunca, nunca conecte el Bluetooth ni para hablar con el manos libres en el auto. Que si todo lo oyen, que quién, que todos, los de las telecomunicaciones, los gobiernos estatales, el federal, en Bucareli, los que venden seguridad, los que trafican con la seguridad...

Y a pesar de todo esto pensé, celular, que podríamos seguir juntos. Pero la Suprema Corte de Justicia mató nuestra última oportunidad. El 4 de mayo los ministros resolvieron que las empresas de telecomunicaciones deben guardar dos años toda la información que obtienen de cuanto hacemos tú y yo, celular, todo.

¿Y quién puede tener acceso sin más a nuestra vida, celular, incluyendo nuestra geolocalización en tiempo real? Gente tan confiable y linda como los procuradores de los estados. (Checar http://r3d.mx/ http://bit.ly/1V4QNUK y http://bit.ly/23TtOfR)

Aunque la verdad sea dicha, no sé si te pueda dejar, celular.

Twitter: @SalCamarena

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