Opinión

Carstens, no vayas a descarrilar la recuperación

La economía nacional continúa arrojando indicadores mixtos, ya que por una parte ciertas variables macroeconómicas evidencian que continúa la debilidad, pero por la otra, hay indicadores con un crecimiento importante que nos hacen pensar que el cierre de año tendrá un crecimiento económico por encima del que esperábamos hace apenas un mes.

Así pues, tenemos por ejemplo que la producción industrial del país mostró un crecimiento muy bajo en el mes de agosto de este año, al crecer sólo 1.4 por ciento a tasa anual; y dentro de este indicador destaca que la industria manufacturera también aumentó apenas 1.4 por ciento. En este mismo sentido, en el mes de julio de este año las ventas de los establecimientos comerciales al mayoreo crecieron sólo 0.4 por ciento mientras que las de los establecimientos al menudeo aumentaron 2.0 por ciento.

A pesar de lo anterior, hay otros indicadores económicos más recientes que dan cuenta de que una recuperación económica más vigorosa, apoyada en el mercado interno, está por fin en marcha.

En este sentido tenemos que en materia de empleo formal las cosas comienzan a mejorar sustancialmente, ya que entre agosto y septiembre de 2014 el número de trabajadores asegurados en el IMSS aumentó en 156 mil 432 unidades hasta alcanzar 17.180 millones de trabajadores. Cabe señalar que este es el mayor incremento mensual (en términos absolutos) desde octubre de 2007.

Aunado a lo anterior, tenemos que en agosto las exportaciones no petroleras de México aumentaron a una tasa de 4.0 por ciento, y de este total las exportaciones manufactureras reportan un incremento de 4.4 por ciento. Cabe señalar que estas tasas de crecimiento son menores a las observadas en el mes de julio de este año, pero son indicativas de que se mantiene el dinamismo del sector externo nacional.

Esta evolución favorable en el empleo formal y las exportaciones se espera que continúe en la medida en que se logren dos cosas: por un lado, que el tipo de cambio se mantenga en niveles cercanos a 13.50 pesos por dólar (o inclusive más alto), y que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) continúe con los decididos esfuerzos por combatir las prácticas ilegales de comercio internacional, tales como la subvaluación y el contrabando.

En cuanto al tipo de cambio, vimos como éste pasó de un promedio de 13.07 pesos por dólar en agosto a uno de 13.4235 pesos por dólar en septiembre, lo que implicó un encarecimiento del billete verde de 2.7 por ciento. De esta manera el tipo de cambio promedio reportado en septiembre de este año es el más alto desde mayo de 2012, y sin duda es una buena noticia para la planta manufacturera nacional y la economía en su conjunto.

En la medida en que el tipo de cambio aumenta, nuestras exportaciones se hacen relativamente más baratas y se encarecen las importaciones, lo que mejora la balanza comercial. De igual manera, un dólar más caro causa que haya más turismo en México (tanto de visitantes nacionales como extranjeros), y todo esto contribuye a la generación de más empleos y menos migración, y ya vimos el fuerte aumento del empleo formal en septiembre pasado.

Aunado a lo anterior, un dólar caro es oxígeno puro para las finanzas de Pemex, empresa que ha visto caer sus ingresos por la baja reciente en los precios internacionales del petróleo (por debajo de los 85 dólares por barril que es el precio del Presupuesto de Egresos de la Federación para 2014) y por la disminución de su plataforma de producción. Y para ilustrar lo que Pemex ganaría con un dólar caro tenemos que de acuerdo con datos del Departamento de Comercio de Estados Unidos, en los primeros ocho meses de este año México obtuvo por sus exportaciones de petróleo al vecino del norte 19 mil millones de dólares. Esto significa que con 50 centavos adicionales en el tipo de cambio, Pemex hubiera obtenido casi 10 mil millones de pesos adicionales de ingresos en el periodo de referencia.

Sin embargo, alguien pudiera argumentar que el ajuste en el precio del dólar afectaría a Pemex negativamente porque tendría que importar gasolina más cara, pero no es así, ya que al día de hoy el precio promedio de un litro de gasolina al menudeo en el estado de Texas es equivalente a 11.40 pesos (3.04 dólares por galón), por lo que el precio al que nos venden la gasolina en las estaciones de Pemex está por arriba de este nivel, aunque el gobierno federal nos recuerde frecuentemente que nos subsidia la gasolina.

No obstante las múltiples ventajas para México que representa tener un dólar en torno a los 13.50 pesos (o inclusive más alto), existe un grave riesgo de que ésta ventaja se diluya si el Banco de México se viera tentado a intervenir en el mercado cambiario vendiendo o subastando dólares con el fin de regresar al billete verde a niveles cercanos a 13.00 pesos por dólar, para de esta forma “ayudarse” a lograr una inflación anual por debajo del límite máximo de su objetivo, que es de 3.0 por ciento más/menos un punto porcentual.

El riesgo de que el Banxico quiera intervenir en el mercado es elevado ya que de acuerdo con cifras del Inegi, la inflación anualizada en septiembre de 2014 fue de 4.22 por ciento, con lo que el alza de precios liga ya tres meses consecutivos por encima de 4.0 por ciento anualizado. Y para el Banxico el bajar el tipo de cambio implica más importaciones a precios más bajos, pero sabemos que esto en realidad no ocurre y los ajustes a la baja en el tipo de cambio sólo acaban beneficiando a los importadores aumentando sus márgenes de utilidad en pesos.

En este contexto, es muy importante que Agustín Carstens, gobernador del Banxico, entienda que si bien tiene un mandato constitucional en el sentido de que debe preservar el poder adquisitivo de la moneda, una eventual intervención en el mercado con el fin de ajustar el tipo de cambio a la baja puede descarrilar la incipiente buena marcha de la economía nacional. Desde mi punto de vista, es mejor una inflación en torno a 4.2 o 4.5 por ciento con crecimiento del empleo como el registrado en septiembre de este año, que una inflación de 3.5 por ciento, pero con el costo de alargar el estancamiento económico que ya lleva dos años.

El mantener el tipo de cambio en niveles cercanos a 13.50 pesos cobra además una relevancia adicional dado que recientemente se ha intensificado la lucha contra las prácticas ilegales de comercio internacional. Hay que recordar que el pasado 29 de agosto de este año el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, emitió el “Decreto por el que se establecen medidas para la productividad, competitividad y combate de prácticas de subvaluación del sector calzado”, y según declaraciones del propio Secretario de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal, próximamente se estarán emitiendo decretos similares en beneficio de los sectores textil y vestido.

Así pues, la política industrial del país se está ajustando en beneficio del empleo y de la productividad, y sería una pena que mucho de este esfuerzo se diluyera con un dólar barato ocasionado por el Banxico en aras de cumplir su meta inflacionaria.

Por todo lo anterior, le pedimos al gobernador del Banco de México que permita al tipo de cambio peso-dólar irse al nivel que determinen las fuerzas de la oferta y demanda, y que no vaya a caer en la tentación de intervenir en el mercado cambiario vendiendo dólares directamente ni a través de un alza en las tasas de interés. México está iniciando una mejor etapa y sería una tragedia que ésta se viera interrumpida por querer tener una tasa de inflación medio punto porcentual más baja a la que tenemos ahora en día.

El autor es director general GAEAP.

Correo: alejandro@gaeap.com

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