Opinión

¿Carstens el suave?

 
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SHCP y Banxico. (Edgar López)

Si algo consolidó ayer el Banco de México en la opinión de muchos fue una fama de ineptitud impresionante. Eligen a Trump y al día siguiente el gobernador Carstens, junto con el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, anuncia que se esperará a ver cómo evolucionan los mercados. Ni aumento de tasas, ni recorte de gasto. Carstens dice, además, que ya habrá anuncio de política monetaria de acuerdo con lo establecido en el calendario del Banxico, esto es, hasta el 17 de noviembre, prácticamente 10 días después del shock trumpista. Parecía que el gobernador había bebido cantidades excesivas de té de tila.

Llegó la fecha (ayer), y la Junta de Gobierno subió la tasa, sí, pero medio punto porcentual (50 puntos base), a 5.25 por ciento, nivel no visto por más de siete años. Pero las voces más histéricas incluso clamaban por un ascenso de 200 puntos base, para así hacer muy atractivo el ahorro en pesos y tratar de apreciar el golpeado tipo de cambio. Parecía que el gobernador seguía con la tila o el passiflorine en cantidades industriales. Se esperaba de parte de Carstens un abrazo de oso, rudo, y resultó uno suave.

¿Están locos en el Banxico? No, al contrario, extremadamente cuerdos y, lo más importante, pensando con la cabeza fría. Las acciones (y probablemente locuras) de Trump son de largo plazo. El horizonte no es de mañana, sino de hoy a la toma de posesión (20 de enero) y los meses subsecuentes en 2017. Dar un brutal apretón monetario era quemar pólvora que bien puede requerirse en ese futuro incierto.

Por otra parte, se espera un golpe, y rudo, al crecimiento del PIB en 2017. Prácticamente todos los pronósticos se han movido a la baja en los días recientes. Sorprendente sería lo contrario: imposible saber el impacto que tendrá un presidente Trump (cuyo lema implícito de campaña fue, exitosamente, “Joder a México”) sobre el comercio y la inversión, pero no se puede esperar nada positivo (en el más optimista de los escenarios, algo neutro).

Ocurre que menor crecimiento significa una caída de la demanda agregada y ello lleva a presiones más bajas sobre precios y salarios, esto es, sobre la inflación. El Banco de México tiene un mandato constitucional muy claro: mantener el incremento de los precios en niveles bajos. Es así de sencillo. En ningún momento ha sido: “el Banxico deberá mantener una paridad peso-dólar estable en términos nominales”. Y esto lo ha reafirmado, y qué bueno, en el comunicado de ayer.

Por ello el aumento moderado, cumpliendo con el mínimo que esperaban los mercados financieros. Agustín Carstens no se ha convertido en una paloma (dove, se diría en inglés) en materia inflacionaria, ni anda con un termo de té de tila.

Sigue siendo un halcón (hawk) o duro con la inflación. El Banxico reaccionó con equilibrio ante una situación de espanto de largo plazo. Es probable que las tasas de interés tengan que seguir subiendo, pero eso está en el incierto futuro.

Twitter: @econokafka

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