Opinión

'Carol', entre el ingenio
y la convención

 
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Carol. (https://cinemex.com/pelicula/10840/carol)

Antes de Carol, el director Todd Haynes ya había abordado romances prohibidos.

En Far From Heaven, elegante registro de los códigos morales de Estados Unidos en los 50, una mujer, casada con un gay de clóset, se enamoraba de un hombre negro. En Carol, situada durante la misma década, Haynes se centra en el idilio de dos mujeres: Therese (Rooney Mara), una fotógrafa amateur y Carol (Cate Blanchett), una dama de clase alta a punto de divorciarse de Harge (Kyle Chandler), quien se niega a aceptar que su esposa es lesbiana.

Haynes retrata el sexismo de la época tanto en acciones y diálogos como en su puesta en escena. Therese obtiene una oportunidad laboral, pero sólo como canje por un coqueteo con un empleado del New York Times, y un pretendiente le echa en cara lo que ha gastado para convencerla de casarse con él. Carol contiende con Harge, dispuesto a revelar su orientación sexual para quitarle la custodia de su hija. Las mujeres hablan en murmullos, y ellos se interponen, abruptos, ruidosos y borrachos.

Carol
Año: 2016
Director: Todd Haynes
País: Reino Unido
​Actores: Cate Blanchett, Rooney Mara, Sarah Paulson, Kyle Chandler
Cine: Cinemex

En Carol, los hombres constantemente estropean los instantes cálidos; la película incluso comienza con un tipo interrumpiendo una plática entre Carol y Therese sin pedir una disculpa. Haynes se rehúsa a otorgarle espacio al macho estorboso: la intimidad y la cercanía de la lente está reservada para ellas –Therese rompiendo en llanto al abordar un tren, Carol viendo a la cámara de su amante–, mientras que ellos apenas si ameritan un close up. Quizás no haya película reciente que distinga entre sexos de manera más sutil.

Esta delicadeza no está presente en otros aspectos de Carol, cuya trama cae en clichés lamentables en un cineasta de la talla de Haynes.

Hay una secuencia decisiva en un juzgado, con todo y monólogo lacrimoso, así como rupturas y reencuentros previsibles. Por lo demás, Mara está excepcional: Therese vive cada instante con temor y fascinación, consciente del dolor inevitable que acompaña al primer enamoramiento. Blanchett, sin embargo, se instala en un tono de frialdad aristocrática que ya debería sacudirse. En Blue Jasmine, Woody Allen tuvo el tino de usar ese aire altivo para el patetismo y el ridículo: incomodaba ver cómo esa pedante dama de sociedad no se daba cuenta de que había perdido su trono.

Haynes trata a Blanchett con pinzas, y el resultado es una interpretación distante, como si ella misma nos sugiriera desconfiar del amor que Carol le tiene a su hija y a Therese. Sólo al final empieza a derretirse el hielo y a emerger un ser humano desesperado y triste. Por eso el desenlace, aunque extenso, conmueve. A Haynes no le vendría mal darle una repasada a Shakespeare: la realeza, como Blanchett, es más interesante cuando es vulnerable.

Twitter: @dkrauze156

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