Opinión

Carmín tropical: un thriller melancólico

 
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Carmín tropical.

Carmín tropical, de Rigoberto Perezcano, tiene la enorme virtud de ser una película sui géneris. Su originalidad no solo está en su elección de protagonista –Mabel (José Pecina), una mujer transgénero del pueblo de Juchitán, en Oaxaca–, sino en el tipo de historia por la que ésta se desplaza: un thriller con claroscuros melancólicos, en la vena de un whodunit: la investigación para hallar al verdadero culpable de un crimen.

El crimen en cuestión es el asesinato de Daniela, la mejor amiga de Mabel, una hermosa mujer transgénero (o muxe, como se les llama en Juchitán) a la que conocemos a través de fotografías y flashbacks que van y vienen como la marea. Después de una desventura romántica, Mabel vuelve a Juchitán, su hogar, para encontrar al verdadero asesino de Daniela.

Destaca la forma en la que Perezcano registra el ambiente de Juchitán, un pueblo costero, fértil pero triste, de avenidas yermas, donde la única forma de paliar al calor oaxaqueño es beber cerveza como si fuera agua.

Los juchitecos pasan los días encapullados en hamacas, hablando como habla la gente cuando no hay trabajo o prisa: cada frase copada de silencios. Solo de noche salen a cantar y divertirse, en bares y cantinas en los que se escuchan canciones lánguidas y risas intermitentes. No es casualidad que la gran mayoría de los recuerdos felices que Mabel tiene de Daniela hayan ocurrido de noche, en fiestas, bailes y pasarelas, siempre culminando con el destello desenfocado de fuegos artificiales a punto de extinguirse. Hay un tenor elegiaco en la película, acentuado por la nostálgica melodía que aparece cada vez que Mabel recuerda a su amiga.

Carmín Tropical
Año: 2015
Director: Rigoberto Perezcano
País: México
Productores: Cristina Calvo
y Christian Valdeliévre
Duración: 80 mins.
Cines: Cineteca Nacional, Cinépolis
y Cinemex

Eso no significa que Perezcano se instale en un tono de capa caída. Al volver al pueblo, Mabel se reencuentra con Darina (Juan Carlos Medellín) y Faraón (Everardo Trejo), sus mejores amigas, y también entabla un romance con Modesto (Luis Alberti), un amable taxista. Aquí, Carmín tropical toma vuelo y se asume como un thriller cuyo desenlace, aunque predecible, sacude y conmueve.

Perezcano presenta a una sociedad que, para los estándares de un país conservador como México, luce por la forma en la que no tolera (ese verbo odioso), sino acepta a la comunidad homosexual y transgénero; quienes ligan con heterosexuales son abiertamente queridos por su familia y forman parte de los festejos del lugar. El final es un acierto inmenso porque voltea de cabeza esta percepción: hasta en el pueblo más incluyente, Daniela y Mabel no están a salvo. Carmín tropical nos lleva de la mano por rincones lejanos y poco explorados de la identidad mexicana, al tiempo que nos invita a reflexionar sobre temas y preguntas que nos incumben a todos.