Opinión

Carlos Slim, ¿'embajador de facto'?

 
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ME. Carlos Slim, ¿embajador de facto?

Cuando la semana pasada desvelé en estas líneas la reunión que hubo entre una delegación de alto rango de los hombres más cercanos al presidente electo de Estados Unidos Donald Trump y un grupo de empresarios mexicanos (Carlos Slim Helú y Carlos Slim Domit), hubo dos tipos de reacciones: algunas personas se mostraron notoriamente esperanzadas de la ventana de oportunidad que se abría, mientras que otras cayeron en la incredulidad sobre la veracidad del encuentro.

Pero encuentro hubo y, como escribí, habría otro más en los aposentos de Trump en Florida, lo que documentó The Washington Post, para saciedad de los incrédulos. La última reunión, en Mar-a-Lago, estaba originalmente programada para enero. Algo ocurrió en el camino que se tuvo que adelantar. Pero el primer ágape, con Corey Lewandowski a la cabeza, permanecerá históricamente como el que desató los nudos entre Slim y Trump. En él, Slim mostró la colección de cinco mil pinturas y otras obras artísticas que hay en los sótanos del Museo Soumaya. Una fotografía de los delegados de Trump con Slim, al pie de La Puerta del Infierno, ha dejado prueba icónica del encuentro.

Carlos Slim se ha inaugurado como diplomático mexicano de facto. Su motivación debe ser doble. Por un lado, a ningún hombre de negocios con empresas de ese tamaño le conviene estar enemistado con el nuevo presidente de Estados Unidos. Por otro, Slim sabe del vacío y parálisis en la que quedó la política exterior mexicana tras la visita de su nuevo amigo a Los Pinos.

En el gobierno mexicano se observan con cautela los movimientos de Slim.

Oficialmente el presidente Peña no debería comunicarse con Trump sino bajo la intermediación del Departamento de Estado, por la sencilla razón de que Obama sigue a la cabeza del gobierno. En otras palabras: no está prohibido que se reúnan, pero no pueden ignorar a John Kerry.

El gobierno mexicano no se puede comportar caminando por el acotamiento institucional por el simple hecho de que Trump eligió reunirse con Slim.

A Carlos Slim no le conviene acercarse muchísimo a Trump. Si lo hace, muchos mexicanos le verían como una especie de interlocutor legitimado, algo altamente riesgoso, porque cualquier cosa que salga mal en la relación bilateral durante estas semanas y en el inicio del gobierno le podría rebotar fuerte a él. Basta imaginar que Trump anuncia una revisión al TLCAN verdaderamente severa…

Mientras tanto, la comunidad mexicana sigue pendiente de a quién nombrará Trump como su embajador aquí. Larry Rubin sigue estando a la cabeza de la preferencia en ambas naciones; pero no debe descartarse a Toby Neugebauer, un millonario extremista que votó por Ted Cruz y que está haciendo ruido en la contienda.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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