Opinión

"Captain America" y sus víctimas colaterales

 
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América.

El momento más dramático en Captain America: Civil War no tiene nada que ver con el pleito titular entre superhéroes. Al arranque de la película, dirigida por Anthony y Joe Russo, Tony Stark (Robert Downey Jr.) utiliza un nuevo invento para proyectar un recuerdo de su adolescencia. Gracias al uso de efectos especiales vemos a Downey Jr. hace más de 20 años, sin el traje de metal o esa lamentable barba de candado, por un instante lejos del universo Marvel que ha encadenado a un actor de su talla a vestir la misma botarga de aquí a la eternidad.

Será de aquí a la eternidad porque los superhéroes de Marvel nunca mueren. A falta de ese riesgo, elemental en cualquier película de acción, los hermanos Russo pretenden que nos importen las víctimas colaterales de sus numerosos combates.

Después de que una misión en Lagos deja un puñado de muertos, la ONU propone que los Avengers firmen un acuerdo para que la organización internacional apruebe sus misiones. Iron Man está a favor y el Capitán W. Bush (Chris Evans) está en contra. Es obvio de qué lado está Marvel. El superhéroe debe destruir con libertad.

He ahí el meollo de la supuesta guerra civil. Hay otras pugnas, pero apenas si caben en la película, ya no digamos en una breve reseña. Baste decir que, hacia el desenlace, 10 o más enmascarados se enfrentan en la pista de un aeropuerto. Y pensar que a Sam Raimi lo tacharon de excesivo después de Spider-Man 3.

Captain America
Año: 2016
Director: Anthony y Joe Russo
País: Estados Unidos
Productor: Kevin Feige
Duración: 148 mins.
Cines: Cinemex y Cinépolis

A una película así de abigarrada le urge un director claro tanto en la pausa como en la acción. Ni siquiera Steven Spielberg podría salvar un guion en el que una decena de personajes intercambian lealtades con la rapidez con la que se quitan y ajustan las mallas. La coreografía de los hermanos Russo es repetitiva, empleando los mismos recursos una y otra vez: velocidad biónica, encuadres ajustados y cámara temblorosa. Sospecho, también, que editan en una licuadora. ¿De qué sirve enfrentar a Spider-Man contra Captain America si no podemos distinguirlos entre el circo y la maroma?

Al final, como podemos esperar de prácticamente todas las películas de Marvel, los superhéroes zanjan sus diferencias y acaban donde empezaron: dos horas y fracción de explosiones y patadas para que una carta planche la bronca. Para la próxima, quizás los rijosos deberían sentarse en un Starbucks y hablar como los mortales. Claro que eso es impensable en el universo Marvel, donde todo “siempre acaba en una pelea”. Lo que incomoda es que una serie tan inclinada al conflicto, tan dependiente de la destrucción masiva, pretenda que dada esa necesidad existe otra solución. El hecho de que Civil War pondere la importancia de quienes han muerto durante los pleitos de sus enmascarados no le suma complejidad tanto como la reviste de hipocresía. Incapaz de sacrificar a uno de sus 20 mil superhéroes, Marvel quiere que el peso dramático lo lleven las víctimas invisibles de Iron Man y compañía. Me cuento entre ellas.

Twitter: @dkrauze156

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