Opinión

Capote

 
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Truman Capote.

Gil caminaba sobre la duela de cedro blanco a la espera de que la semana bajara el telón. Así llegó a la mesa donde encuentra los libros más interesantes: “Más Allá del Presente”. Sobre esa superficie encontró un libro: Conversaciones íntimas con Truman Capote, de Lawrence Grobel, un volumen publicado por Anagrama en el año de 1985. La inteligencia, el descaro y el ingenio no eran las cualidades menores de Capote. Gil releyó los subrayados y lo que encontró fue esto:

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Lo último que haría en la vida sería perder el tiempo yendo a la universidad. Por aquella época yo había leído muchísimo y era un escritor consumado. No tenía motivos para ir a la universidad. La única razón para ir a la universidad es para ser médico, abogado o algo que requiera un alto grado de especialización. Pero si uno quiere ser escritor, y ya lo es, y escribe sin faltas de ortografía, no hay razón para ir a la universidad. De todos modos, asistí a la mejor universidad posible cuando entré a trabajar a The New Yorker. Es inconcebible que en la universidad hubiera podido aprender todo lo que aprendí durante los dos años y medio que pasé en The New Yorker.

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La mayoría de la gente que se hace famosa de la noche a la mañana se encontrará con que pierde al 80 por ciento de sus amigos. Por alguna razón, los amigos de siempre no lo soportan. Lo he comprobado una y otra vez, y los que han pasado por el mismo trance concuerdan conmigo. Tenía muchos amigos y los perdí de un día para otro.

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Es una vida muy penosa la que consiste en enfrentarse a una hoja en blanco, rebuscar entre las nubes y traer algo aquí abajo. Es decir, yo siempre me pongo muy nervioso al comienzo de la jornada de trabajo. Me lleva mucho tiempo empezar. Una vez que empiezo, voy tranquilizándome poco a poco, pero haría cualquier cosa por aplazarlo.

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Lo que hago es trabajar cuatro horas al día y luego, normalmente por la mañana temprano, leo lo escrito y hago muchos cambios y correcciones.

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Escribo mucho de oído. Escucho el tono del lenguaje hasta extremos increíbles, y debo tener mucho cuidado con esto porque de cuando en cuando me doy cuenta de que utilizo una palabra sólo por el sonido en vez de por su verdadera contribución al texto.

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No tengo una mente perversa sino un doble sentido de la percepción, como si pudiera ver simultáneamente el bien y el mal.

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Escribir es muy difícil. Le resulta difícil a cualquiera, pero yo lo encuentro sumamente duro. Si hubiese tenido elección no habría sido escritor.

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Siempre tengo una idea bastante clara de lo que debo ganar. Creo que prácticamente me pagan más que a cualquier otro escritor norteamericano por un trabajo de encargo. Gano veinte mil dólares por un relato de cuatro mil palabras para una revista.

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Durante algún tiempo, la cocaína me resultaba muy sugerente. Un año, y luego empezó a surtir el efecto contrario. Un día en lugar de ponerme tranquilo, me puso sumamente nervioso. Y la abandoné.

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El ser del artista le separa a uno de las cosas en general. La mente trabaja a una escala más activa, más veloz, más sensible. La mayor parte de las personas tienen, digamos, diez percepciones por minuto mientras que un artista alcanza sesenta o setenta en el mismo tiempo. Esta es la razón por la que tantos escritores beben, toman pastillas o lo que sea: para calmarse, para aplacar esa máquina que marcha tan rápido, sin parar.

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Me gustaría haber vivido en París y haber sido muy rico.

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Dios le concede a uno un don, cualquiera que sea, el de componer música o hacer literatura, pero por mucho placer que ello pueda producir, es algo muy doloroso para tenerlo toda la vida.

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Si yo hubiera podido ser otra cosa que escritor, me habría gustado ser abogado. Habría sido un abogado maravilloso. Tal vez hubiera sido muy feliz.

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Se sabe, los viernes Gil toma la copa con los amigos verdaderos. Mientras los meseros se acercan con las charolas que soportan el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la frase de Gide sobre el mantel tan blanco: “Sólo son bellas las cosas que dicta la locura y la razón escribe”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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